Sunday, April 30, 2006

5)Maicol. El documental

Maicol nació un 8 ó 9 de enero de 1989 producto de un encuentro casual entre su madre Yenny y un barra brava abajo de una de las tribunas de la Bombonera de Basañez.
Fue el octavo de nueve hermanos, todos de distinto padre.
Vivó toda su vida en la unidad Casavalle junto a sus hermanos y su madre.

EL DELINCUENTE
A falta de figura paterna adoptó como referente a Alexis, su hermano mayor, que ya de chico lo llevaba a ver a Peñarol y fue su sensei en el arte del vandalismo así como del hurto y la rapiña.
Fue a la edad de cinco años que hizo su primer entrada en la comisaría de menores por el saqueo de un quiosco junto a Brayan, su hermano tres años mayor, protagonista de “Rescatando al soldado Brayan”, historia que narraremos en otra oportunidad.
A partir de ahí comienza a escribirse su largo historial delictivo, agradecemos la participación de Julio César Gard con las estadísticas:
-Atecuento Alberto que en lo que refiere a las faltas y delitos cometidos por Maicol, este muchacho cuenta con 213 entradas en la comisaría de menores sa, con sólo diez años hacia su primer ingreso en la Colonia Berro sa, de la que luego se fugaría junto a otros menores infractores.
A los pocos meses volvería por rapiñar una pollería sa pero se fugó nuevamente. Ya a la edad de quince años volvería a caer tras las rejasa tras asaltar a mano armada un local de Abitab junto a su hermano Brayan y otro compinche sa. En esta última oportunidad sería el cabecilla de un amotinamiento con toma de rehenesa tras el cual volvería a fugarse en compañía su hermano.

Informando para “Subrayado” del atraco al Abitab, habla Nano Folle:
-“Los mal vivientes...entraron al local por la fuerza.
Después de reducir al guardia de seguridad...le exigieron a punta de pistola el dinero de la caja al empleado.
Los muchachos no se contentaron con la suma recaudada...y el más exaltado de los tres...que aun continuaba golpeando al guardia con un matafuegos...tomo al empleado por el cuello de la camisa y lo sacó por la ventanilla.
Acto seguido le propino una brutal golpiza despojándolo de sus prendas y efectos personales.
Esto no formaba parte del plan...y provocó alguna rencilla interna entre los asaltantes.
Luego de alguna discusión...el muchacho rompió una de las vidrieras del local...para hacerse de una pelota de fútbol, mientras los dos restantes ataban al guardia y al empleado recreando una de las poses del kama sutra para después darse a la fuga.
Empleado, guardia de seguridad y vecinos...declaran a esta hora ante autoridades policiales, que intentan recabar más datos para dar con el paradero de los delincuentes.”

EL ESCOLAR
A los siete años Maicol hacía su ingreso en la escuela primaria.
Vamos, antes que nada, con los números de Gard:
-En lo que respecta a su escolaridad, Maicol ingreso a primer año a los siete añosa, curso que repetiría al año siguiente sa. Segundo año logró aprobarlo de una sola vez, con alguna presión ejercida por parte de su madre hacia el personal docente. Tercer año volvería a hacerlo en dos años sa, y a la edad de 12 ya no se presentó a cursar cuarto año para dedicarse por entero a la vagancia. Durante este período, Maicol consiguió la friolera de 1353 entradas a la dirección, 987 días sin recreo, 47 citatorios a los padres sa, y ocho suspensiones. Entre las acusaciones que las maestras recibieron por parte de sus compañeritos se contabilizan 224 arrebatos de merienda, 32 robos de cartuchera sa, 47 patentes, 41 disparos de chumbitos sa, 39 escupidas con el dedo, 28 zancadillas, 26 piñas en la cara, 9 patadas en la cabeza y 23 agresiones más con distintos objetos contundentes.

Habla Olga, maestra:
-“Era un niño muy inquieto, un poco nervioso, pero en el fondo era un amor.
Como la mayoría de los niños, que se enamoran de la maestra, él también estaba enamorado de mí. Lo empecé a sospechar el día que me tocó la cola mientras hacíamos la fila para salir al recreo, pero lo terminé de confirmar la vez que fuimos de paseo al Parque Le Coq y me intentó violar contra la jaula del mano pelada.
Supe que su entorno familiar no era el más adecuado al leer su redacción sobre las vacaciones de turismo. Ahí contaba, entre otras cosas, que su hermano mayor había apuñalado al concubino de su madre; que había acompañado a sus hermanos a perpetrar un asalto a una farmacia; y que su abuelo le había enseñado a sacarle el stereo "limpíto" a los autos.
Después de la primera entrega de carnés me vino a ver la mamá, una muchachita joven, simpática.
Venía con cuatro muchachones y me dijo que la que podía y debía subirle la nota al botija era yo, si no quería que me robaran todo.
No recuerdo actitudes violentas de su parte que hayan pasado a mayores, a no ser una rencilla que tuvo con un compañerito al que tuvieron que extirparle un Faber Castell con orificio de entrada en el lacrimal del ojo izquierdo, o la vez que asaltó a punta de compás la cantina de la escuela.
Bueno, hubo otra vuelta que tres grandulones de sexto le quisieron robar la merienda y los picó a los tres a trincheta.”
A continuación, el testimonio del "negro", vendedor de "boom" en la puerta de la escuela:
-“Era un infierno ese botija. Bien de vivo andaba.
Tenías que andar con un ojo en la nuca porque donde te descuidaras te robaba el ojo'e gato de la bicicleta, igual.”

El siguiente es un fragmento que contiene una intervención de Maicol en la clase de segundo año:
-¿Y a vos, Maicol? ¿Como quién te gustaría ser?
-Como Artigas.
-¿Para ser un prócer de la patria y oponerte a la tiranía como el Artigas de la Batalla de Las Piedras?
-No, yo pa estar duro todo el día, como el Artiga que está en el patio.
-Tendrías que admirar a Artigas por sus valores.
-Qué valore, un pinta que se fue a Paraguay con un grone que le cebaba mate. "Cebar mate" le decían en esa época. "¡Vo negro! ¿Vamo hacer ese mate?", decía Artiga.
"Yerba no hay", le decía el negro y ahí nomás pelaba la anguila y...
-¡Maicol, a la dirección!

EL BARRABRAVA
Cuando tenía 8 años su hermano Alexis fue conducido al COMCAR, entonces tomó como referente a su hermano Richard, el mayor de sus los que todavía podían tomar sol.
Pero este modelo a seguir le duro poco ya que a los tres meses, el sereno de una obra lo puso a dormir a Richard de un balazo en la cabeza mientras robaba materiales.
A partir de ese entonces, su hermano Jonathan se convirtió en su principal influencia.
A diferencia de los dos mayores, Jonathan no se dedicaba a los delitos violentos sino a la distribución de estupefacientes.
De ahí en adelante Jonathan usaba a Maicol de mula y lo llevaba con él a todos lados.
Lo metía al Defensa Agraria subido a caballito por debajo de la alfa polar para introducir la droga en dicho local bailable.
Lo mismo hacían en el Estadio; el pequeño Maicol, a quien los policías no revisaban, entraba calzado al Centenario y con la mercadería a cuestas. La que mas tarde repartía entre la barra de la Ámsterdam. Desde esa época, y hasta el día de hoy, el Estadio se convirtió en el escenario preferido por Maicol para sus correrías:
-Vamo vamo carbonero, vamo aurinegro...
-¡Vo Maicol! ¿Vamo a tomar una Maicol?
-Bueno Brayan, ¿qué dice?
-Joya, me procure de todo ahí en la entrada, mirá: gorro, disman, y después me gané este trapo de Danubio.
-De má, despué lo tocamo fuego.
-Má firme...
-Para que los coracero están repartiendo allá.
-¡Ortivas! ¡Putos!
-¡Bueno gente! ¡Estas sillas se arrancan de toque, vamo a tirar!
-¡Tomá “gorro e`lana”, sacala con peine fino!

Habla Jorge “Toto” Da Silveira, periodista deportivo:
-“Este muchacho Maicol no tiene nada en la cabecita, eh.
Lo dijimos acá, eh, que es un pendenciero, que se quiere llevar a todo el mundo de pesado y a mi de pesado no me lleva nadie, eh.
Recuerdo un episodio en el Estadio, eh. Yo estaba en la América, veníamos con Jorgito de comprarle un pancho, eh, cuando aparece este energúmeno, eh. Totalmente exacerbado, vaya a saber uno bajo los efectos de qué sustancia, le muerde el pancho a Jorgito y le aplica un piquete de ojo, eh.
Diga que en la tribuna se encontraba el Doctor Cesio, viejo amigo, que vino corriendo a atender de urgencia a Jorge Enrique.
Pero acá parece que los normales tenemos que hacer lo que quieren los violentos, los que roban, los que se drogan, eh.
Porque es inadmisible que este malsano, que impunemente lleva a cabo actos de violencia, de vandalismo, de delincuencia, eh, a la vista de todo el mundo, ande lo mas campante por el Estadio ahuyentando a las familias, mientras nosotros nos tenemos que refugiar en la cabina.
Que el otro día nos vino a golpear el vidrio, a inferir agravios de todo tipo, eh.
Tuve que estar consolando a Etchandy porque le pinchó la mano inflable de Peñarol que le había regalado Sonsol, estaba de lo mas angustiado.
Lo que pasa a este pibe le pudrieron la cabecita, eh. Se mueve en un entorno que no es el apropiado, y lo digo clarito, con alcohol, con noche, con drogas, eh. Con cumbia villera que está tan de moda. Y así mi viejo, es muy difícil.”

Recogimos, también, el testimonio de Alfredo Etchandy:
-“No es la primera vez que a este inadaptado se lo ve quebrantando la convivencia pacifica, sino que se trata de un individuo que vive permanentemente al margen del reglamento.
No es la primera vez, tampoco, que soy objeto de sus agresiones. Ya que a los insultos como "huevo de pascua" y otros menos creativos como "gordo mamadera" se le suma el hecho de haber sido alcanzado por escupitajos y proyectiles lanzados por este perturbador. Pero yo no puedo permitir que se metan con mi familia, y la semana pasada se introdujo en mi hogar e incendió la cucha de Facundo. Y todo esto que digo es debido a que la pregunta de hoy está referida a Maicol y es la siguiente: ¿Cuántos tatuajes carceleros tiene Maicol en todo su cuerpo?
Y las opciones son: ¿entre 4 y 8, entre 8 y 16, o entre 16 y 32?”

EL DEPORTISTA
Pero el fútbol lo tuvo como protagonista no sólo desde afuera sino de también de adentro del campo de juego.
Tuvo un pasaje por las inferiores de Basañez. Era un promisorio volante carrilero por derecha.
En un partido de la octava contra Uruguay Montevideo tras recibir una "bicicleta" por parte de un adversario, le aplicó una patada en la zona hepática, lo tiró al piso de un roscazo en la nuca y le desfiguró la cara a pisotones.
Tras recibir la expulsión, remó al árbitro desde la mitad de la cancha contra la Olímpica, hasta el banderín del córner de la América y Ámsterdam (tomando el Centenario como referencia). Banderín del que se valió para apalear al equipier de Uruguay Montevideo al que dejó cuadripléjico.
A raíz de este incidente, Spillman lo suspendió de porvida de toda práctica de fútbol profesional, al tiempo que le hizo llegar una oferta particular para desempeñarse como sicario.
Recopilamos la nota de vestuarios realizada por Enrique Yanuzzi al cabo de este partido:
-Me avisan de camarines que estoy en directo con Maicol, el protagonista de la tarde.
¿Qué tal, Maicol? ¿Cómo le va, cómo anda?
-Bueno Yanusi ¿todo bien?
-Bien, gracias. Sabe que hoy lo miraba mientras agredía a su contrincante y me hizo acordar a grandes de nuestro fútbol como el Chengue Morales, el Pipa Rodriguez,...Usted tiene pasta de ganador, Maicol.
-Si, no se si de ganador, pero me queda un poco, si.
-Ahora, yo creo que usted se merece una oportunidad con la celeste ¿no?
-Fa, los propios viajes te deben pintar con eso. Yo conocía la blanca nomá.
-Hablaba de la selección, Maicol. No se coma la pastilla.
-¿Qué via comer? Yo no me como ninguna, munianio, no me agités que se quema Roma.
-Digo que no se coma la pastilla, Maicol, que no se confunda.
-¡Y si yo me como la pastilla, vos te comé a Bardanca, gordo saca barro!
-Bueno, Maicol. Para solucionar todo este malentendido lo dejo con el relato de Alberto Kesman, de su expulsión y las agresiones posteriores.
-De má.
-“...arremete Rodriguez por derecha, toca más atrás con González que la juega a la punta para Fernández. Se juntan los hermanos Fernández, juegan para Dibbern. Dibbern, que es la manija de Uruguay Montevideo, la cambia toda para López que pica por izquierda y se enfrenta a la marca de Maicol. ¡Aaay sombrero de ramboullé...! ¡Ordinariooo! ¡Groseeeeero! patadón en el hígado por parte del player Maicol. Ahora le pone una panadera de cacheté en la nuca y lo está pisando en el suelo, ¡le está pisando la cabecita Latorre!
-Ahora todos mueven la cabecita, llego la nueva Gillette Prestobarba Excel con cabeza móvil. Gillette es verse bien.
-Bueno ahora el juez de la contienda se acerca y le muestra la cartulina roja al hombre de Basañez, expulsión bien decretada desde mi punto de vista.
¿Se comió la pastilla Yanuzzi?
-¡Cómo le pegó! ¡Le pegó como el Pepe Sasía!...
-Ojo que ahora Maicol se dirige al juez. Es una tromba. ¡Puede veniiir...lo rrrrremó! Señoras y señores acaban de fajar al referí. Yanuzzi.
-¡Así los remaba el chengue! Ahora, yo pregunto: ¿No lo vio Carrasco?
-Ni López ni el juez se reincorporan en el momento en el que se mete todo el banco de Uruguay Montevideo a la cancha y se le van arriba a Maicol, que agarra el banderín de córner y los azota de bambolé. Ahora está ajusticiando a un integrante del cuerpo técnico, cuando llegan sus propios compañeros a frenarlo y parece descomprimirse la situación."

Habla Pablo Bentancur, ex representante:
-“Y...Maicol siempre fue un pibe muy atropellado. Siempre tuvimos una relación muy zigzagueante ya que los dos somos de ir al choque. Es un gurí que no se deja pasar por arriba.
A veces doy marcha atrás y pienso que si le hubiese pisado el freno a tiempo, Maicol no hubiera llegado a esta situación. Pero por ahí en su momento no me quise meter a contramano de lo que era su forma de ser.
Al principio me lo reprochó pero después bajó un cambio y hoy por hoy nuestra relación marcha sobre ruedas.”

EL ALCANZAPELOTAS
Pero, a pesar de todo, Maicol se las ingenió para permanecer dentro de las canchas.
Formó parte del selecto grupo de alcanzapelotas de Liverpool bajo las órdenes de Julio Ribas.
Tuvo activa participación en los incidentes del partido contra Nacional, aquel de la piña de Machado.
Una tarde, en Belvedere, mientras se disputaba un partido contra Cerro, la pelota fue a dar a donde se hallaba el grueso de la parcialidad cerrense.
Al pasar varios minutos sin que la pelota volviera al campo de juego, Maicol arrancó el alambrado y se remó con toda la barra brava hasta llegar al que tenía la pelota en su poder.
Pocos minutos más tarde la pelota rodaba sobre el césped en perfectas condiciones. Todo lo contrario pasaba con Maicol, que rodaba por las gradas en condiciones no tan buenas.
Este incidente le demandó un mes de internación en el Maciel.
Palma le hizo entrega de una placa en reconocimiento a su lucha por proteger el patrimonio del club, y un pasaje en el avión de Puritas. Ribas lo fue a visitar al hospital y le dijo:-"Vos te portaste como un león.". Además le regaló el camperón que usaba cuando dirigía a Peñarol y un video de "La Banda 4".
Habla Julio Ribas:
-“Maicol es maravilloso.
Cuando estábamos concentrados lo levantaba a las 4 de la mañana y me lo llevaba al puerto donde estaban los laburadores descargando los pesqueros y le decía: “¿Ves, Maicol?, esto es sacrificio”.
Le tuve que hablar mucho, decirle que esto del fútbol es una guerra y que yo no quiero que haya gurises, sino leones atrás del arco. Y que ese hincha que se quiere quedar con la pelota, se quiere quedar con el pan de tu familia.
En el aspecto técnico era muy bueno. Era el que hacía la cobertura y siempre devolvía la segunda pelota. Cuando me fui al Venecia lo quise llevar conmigo, pero el ya andaba recorriendo el mundo.
Al principio tuvimos algunas diferencias, pero ¿quién no se agarró a piñas con un hijo? Y esas diferencias las solucionamos como dos caballeros de palabra que somos y eso fue lo que nos terminó uniendo. Y hoy te puedo decir que estoy orgulloso de todos los alcanzapelotas que tuve, pero más que nada del hombre que hay atrás de ese alcanzapelotas.
Y el tesoro más grande que tengo, es que si les preguntas a cada uno de los alcanzapelotas que tuve, no hay uno que te hable mal de mi.”

EL PATRIOTA
Las últimas informaciones que han llegado señalan que hay quienes lo acusan de haber encabezado la horda que levantó por la fuerza el piquete ambientalista en Colón.

Auspician: Jardín Las Palmas, Yerba mate Orozán, Alonso y Mariño, Carnicería Roberti, Marlain TV, La Simpática, Quique Gavilán, We Love Kids, la Casa del Zurcido Invisible, Moñita Azul, y Alfajores Que Rico.
Agradecimientos: William Velásquez y Daniel Pignatta, Titina de la Aguada, Nely de Lezica, Héctor Pascales, Osvaldo Canobbio, Eduardo Mazzei (el luchador incansable), Pelusa Vera, Segunda Juventud, Alma Guaraní, Líbano de Fiesta, Shalóm Uruguay y el Rincón de Fito.

Friday, April 28, 2006

4)Triangulo de las Bermudas

Cuando llevábamos unas horas de viaje se nos apareció una nave mucho mayor a la nuestra que nos atraía hacia ellos.
Yo trataba de cambiar de dirección pero la nave ya no respondía. Se abrió una puerta en la otra nave que nos chupó hacia adentro.
Cuando estuvimos adentro se nos ordenó que descendiéramos de la nave.
Nuestros captores no eran otros que Javier García y Gonzalo Aguirre.
Nos dijeron que éramos sus prisioneros y que nos iban a dejar en el triángulo de las Bermudas como a los demás.
-Pero Aguirre, no nos puede hacer esto. Tenemos familia.-le dije.
-A mi nadie me dice lo que puedo hacer y menos un terrícola pecho frío como vó.-Dijo Gonzalito arrastrando la lengua.-García, dígale a Scelza que los lleve al calabozo.
-Scelza le fue a dar de comer al chupacabras.
En eso se abrió una puerta y apareció jotacé. Aguirre le increpó su tardanza:
-¡Scelza! ¿Una hora para alimentar al chupacabras?
-Lo que sucede es que el chupacabras acaba de parir, de tener cría, de dar a luz, de agrandar la familia, de traer hijos al mundo,…
-¿Y cuántos cachorros tuvo?
-Bueno, tuvo seis, media docena, tres por dos, cinco mas uno, raíz cuadrada de 36, cuatro por ocho menos treinta mas cuatro,…
-Vamos a verlos.
-Pero si hablamos de chupacabras, hablamos de chupar. Y si hablamos de chupar hablamos de Aguirre. Y la pregunta es: ¿Cuántos whiskys se chupa Aguirre en el desayuno?
Después de ver a los cachorros nos metieron en un calabozo pequeño. Media hora más tarde, la nave aterrizó y nos hicieron salir.
Estábamos en una playa, era de noche. Nos dejaron nuestra nave y se fueron volando.
Tratamos de hacer arrancar la nave pero había quedado muerta.
Nos acostamos a dormir en la nave para salir a recorrer el lugar cuando saliera el sol.
Todavía era de noche cuando me desperté y sentí una respiración como la de Darth Vader que me impedía volver a conciliar el sueño. Eran ronquidos de Maicol.
Prendí la linterna y lo fui a despertar:
-Maicol, despertate.
-¿Qué pasa?
-Dejate de roncar.
-Si no ronco yo.
Ahí noté que el sonido continuaba, pero venía del interior de Maicol.
-¿Qué es lo que hace ese ruido?
-Ah, el Firulais.-Maicol sacó de adentro de la polar plateada, que le regalé en navidad, una criatura negra.
-¡¿Te robaste un cachorro de chupacabras?!
-Jiji. Recién ahora se estarán rescatando los marciano.
-¡Pero boludo, nos va a sacar todos los órganos cuando crezca! Lo tenemos que matar.
-¡No!- dijo Maicol metiendo al cachorro en la campera.-Yo ya me encariñé. Ademá vos tené al Galinde y yo no tengo mascota.
-No Maicol, no podemos bancar lo que come este bicho. Además va a ser para problema.
-No, te juro que yo me ocupo, lo saco a pasear y limpio todo lo que ensucie. Dale vo, porfi.
-Está bien. Pero a la primera que haga se va.
-¡Esa!

Por la mañana salí a pasear por el lugar con Galindes.
En el camino nos cruzamos con un soldado de la Primera Guerra y con Tío Mat el viajero.
Paramos delante de un pub cerrado con un cartel que decía:
“Esta noche el Pájaro Canzani y los Hanson, en vivo”.
Por la noche fui al pub y me tomé una cerveza en la barra atendida por “Gallegol” Ramirez. Ahí me encontré con el pelado de “Gol a gol con la tribuna” y me quedé hablando con él mientras tocaban los Hanson.
El pelado me contó que estábamos en una isla situada en el circuncentro del Triángulo de las Bermudas, que no aparecía en los mapas y donde vivían todos los que habían sido secuestrados por los extraterrestres.
Más tarde fui a saltar en el pogo del Pájaro Canzani.
Cuando ya estaban cerrando vi al mismísimo osito Teddy con la cabeza apoyada en el mostrador y un vaso de caña en la mano.
Me acerqué a preguntarle si estaba bien pero Gallegol me dijo que sólo hablaba con la televisión.
Le agarré la billetera y estaba llena de guita así que lo saqué del pub y paré un taxi.
-A la casa del osito Teddy.
-¿Otra vez en pedo el osito autista?-me respondió el tachero.
Cuando llegamos a la casa no lo podía creer. Teddy tenía una mansión con jardín y piscina, tipo Beverly Hills.
Le dije al taxista que esperara. Acosté a Teddy en su cama y volví al taxi para buscar a mis compañeros.
Cuando llegué me encontré a Maicol desesperado:
-Pelo, se me escapó el Firulais.
-¿Cómo que se te escapó?
-Si, le tiré el palito pa`que lo fuera a buscar y no volvió má.
-Te dije que iba a ser para quilombo. Ahora vamos nos que conseguí casa.
-Pero no. Tenemos que buscarlo. Vamo a poner carteles.
-¿Estás loco Maicol? Andá a saber los destrozos que hace ese monstruo. Si nos preguntan no sabemos nada.
Ahora dale que tengo el taxi esperando.
Llegamos a la casa y Teddy seguía durmiendo así que nos instalamos en nuestros cuartos. Después le atacamos la heladera y nos tiramos a tomar sol en la piscina.
Más tarde pasamos por el living y estaba Teddy, sentado en el sofá, viendo “Grande pá”.
-Las chancles son muy traviesas-decía con voz de bala.
Maicol lo miraba sorprendido:
-¿Y este quién é?
-El osito Teddy, boludo. El que interactúa con la televisión.
-Pero a este lo conocé vos nomá. Qué va actuar en televisión.

Una noche, cuando ya llevábamos una semana de estadía en lo de Teddy, me senté con él en el sofá mientras miraba el informativo conducido por el cuarteto ex teledoce; Araújo, Etchegorry, Danners y Cliche.
Estaba hablando el vasco Etchegorry:
-Y ahora informamos sobre el chupacabras hijo de mil putas que tiene cagando a todas las ovejas de esta isla de mierda. Estancieros locales se quieren serruchar la chota.
-Este conductor dice muchas palabrotas-dijo Teddy.
-Pero vos callate osito maraca y la puta que te re mil parió. Vamos con esta poronga de nota que hizo el pelotudo este que nunca me acuerdo del nombre.
En la nota aparecían testimonios de algunos pastores que se habían quedado sin nada por culpa del chupacabras.
El sentimiento de culpa no me dejó dormir en toda la noche entonces pensé un plan para matar al chupacabras.

Al otro día hicimos una oveja artificial rellena de dinamita y la conectamos a un detonador marca ACME que pusimos en el galpón.
La idea era pasar la noche en el galpón y esperar que llegue el chupacabras para volarlo en pedazos.
Esa noche nos escondimos en el galpón con Maicol y Galindes. Pasamos horas mirando a la oveja explosiva sin que pasara nada.
Cuando ya me estaba durmiendo, el chupacabras, que había crecido considerablemente, apareció volando y se posó sobre la oveja.
Maicol activó el detonador pero la oveja no explotó. Esto puso nervioso a Maicol que, tras volver a intentarlo frenéticamente un par de veces más, salió corriendo del galpón con el detonador en la mano y se lo tiró por la cabeza a Firulais.
El chupacabras saltó de la oveja al piso para esquivarlo. En la misma carrera, Maicol lo agarró de sobrepique con una patada. Firulais se reincorporó y le puso un rayo a Maicol en el pecho que lo sacó volando. Antes de que Maicol se levantara, Firulais voló y se le prendió del cuello.
Yo había salido del galpón y miraba sin saber qué hacer. Maicol se sacó al chupacabras de una trompada y empezó a arrastrarse hacia el galpón.
Cuando el chupacabras se preparaba para atacarlo por la espalda, apareció Galindes y se trenzaron en pelea. Maicol entró en el galpón.
Firulais hizo volar a Galindes con otro rayo y caminaba hacía él para ajusticiarlo. Las ventanas del galpón ya empezaban a empañarse de humo.
Tenía que evitar que el chupacabras matara a Galindes. Agarré un enano de jardín y se lo reventé en la trompa…a Galindes, nunca tuve buena puntería.
El chupacabras ya estaba sobre Galindes cuando Maicol tiró abajo la puerta del galpón y salió con los ojos inyectados en sangre y empuñando una azada.
Del primer guadañazo le arrancó la cabeza y después revolcó a patadas el resto del cuerpo por todo el jardín.
Al otro día fuimos a la comisaría a entregar el cuerpo del chupacabras con la esperanza de que nos dieran una recompensa. En cambio, cuando le hicimos entrega del cadáver al oficial Shultz (el policía cantante), éste nos dijo que no se había ofrecido recompensa alguna y que, al faltarle la cabeza, no se podía identificar al cadáver como propio del chupacabras.
Esto provocó la ira de Maicol que le increpó en términos como: “gato negro”, “antichorro”, “ortiva” y “mandapreso”.

Íbamos caminando por la calle, después de haber mediado con los oficiales para que no privaran a Maicol de su libertad, cuando los dos doctores de Conaprole se nos pusieron adelante con un cartel que decía: “Acordate de tomar tu LGG del miércoles”.
Maicol, que ya venía mal, le rompió el cartel en la cabeza al que lo portaba y los remó media cuadra con una mano a cada uno.
Unos segundos después de haber calmado a Maicol, se nos acercó un tipo que se identificó como productor del programa “Hasta las manos” de María Leal. Nos dijo que nos venía siguiendo desde el altercado en la comisaría y nos expresó su deseo de contar con la participación de Maicol como invitado al programa de esa noche.
A las nueve de la noche me instalé en el sofá para ver el programa, en kimono, tomando cerveza con Teddy.
Primero habló un niño guatemalteco adicto a la zoofilia, al que un guacamayo lo había contagiado de gonorrea.
Después una paraguaya de 13 años que tenía dos hijos y vendía tereré adulterado para mantenerlos, y un adolescente salvadoreño al que se lo había violado un cura y le gustó.
Por último, Elián González, el niño balsero, contó los problemas de alcoholismo que padecía como consecuencia de su caída en el anonimato.
Después de entrevistar a Elián, María Leal presentó a Maicol:
-El último invitado de hoy viene desde Uruguay y se llama Maicol. Maicol tiene algunos problemas de violencia y drogas, y hoy va a estar hablando con nosotros para que conozcamos más de cerca su lucha diaria para ganarle a la droga.
¿Cómo estas, Maicol?
-Re duro. Como caballo de calesita estoy. Me tuve que encajar mientras hablaba este borrego pa no dormirme. Porque venía bien la historia del que se trincó al papagayo, pero despué la durmió el globo este.
-Maicol, te voy a pedir que los llames por su nombre, ellos se merecen el mismo respeto que vos.
-Estos se merecen que los pique en juliana. Este niño de Guatemala que se abrochó un tucán, el otro que se come la hostia, y despué el balsero cubano este que se las viene a dar de estrella. ¿A quién le ganaste? Pancho.
Además cómo los voy a llamar por su nombre si el de la paraguaya esta no lo sabe decir ni la madre.
A María se le había ido la situación de las manos:
-Bueno, vamos a hacer un corte y enseguida... ¿Qué hacés tarado?- Maicol había roto la boca del vaso contra el borde de la mesa y le había abierto un tajo en la garganta a Elián.
-Vó dijiste que hagamo un corte.
-¡Un corte! ¡Que fuéramos a la tanda, estúpido! Nos va a salir carísimo el negrito este.
-Cómo negrito, Maria. Llamalo por su nombre, vo.
-Me van a levantar el programa. Imaginate los titulares: "El niño balsero asesinado en el programa de María Leal.
-Bue... Niño balsero. ¿Quién é, Macoli Colkin que va a ser niño toda la vida?
Si tiene una barba que parece el Ché Guevara.
A todo esto se podía observar, en la parte superior de la pantalla, a los paramédicos tratando de contener la hemorragia de Elián.
Del otro lado del televisor yo miraba boquiabierto mientras oía las palabras de Teddy:
-Ese delincuente juvenil esta totalmente fuera de sí.

Por la mañana nos dejaron una caja bastante grande al lado del buzón. Tenía el pegotín de “Correo del Zar”. Adentro había un niño de unos cinco años, de tez oscura y vestido con la remera del CURCC y gorrito negro de rastrillo.
-¡Chirola!-Maicol abrazó al niño emocionado.
-¿Este es tu hermanito?
-Claro ¿no lo reconociste?
-Si nunca lo vi.
-Es el que tengo tatuado en la espalda, globo.
-¿Abajo del que dice “Peñarol Campión”?
-No, ese es Bengoechea. ¿No ves que está haciendo el cinco con la mano?
-Ah, mirá.
-El Chirola es el que está atrás del hombro.
-Ese es el dragón de la Mortal Kombat.
-El otro hombro.
-¿Eso es el Chirola?-El tatuaje era la típica figura humana dibujada por un niño de tres años.
-Si, me lo hice cuando nació.
-Más que el Chirola, parece hecho por el Chirola. ¿Es un retrato del natural?
-Pasa que me lo tuve que hacer yo porque el Jonathan no estaba.
-¿Y no te quedaba más cómodo en el brazo?
-No entendés nada, Pelo. Cada lugar tiene su significado.
Maicol tenía tatuajes carceleros por todo el cuerpo. Me llamó especialmente la atención una inscripción en la nuca que rezaba: “mama me ama
yo amo a mama”
Junto al Chirola venia una nota:
“MAICOL TE MANDAMOS AL CHIROLA PA QUE LO CUIDES BOS PORQUE NOSOTROS NO PODEMOS
PASA QUE ABIAMOS ARMADO UNA SUPERBANDA CON EL JONATHAN Y LOS PIBES Y ANDABAMOS ROBANDO ABUNDANTE PERO DESPUES CALLERON EL JIMY Y EL PIPI Y NOS BATIERON ASI QUE NOS FUIMOS DE CASA A ESCONERNOS EN UNOS BALDIOS
PRIMERO SE LA TRATAMOS DE DIBUJAR AL CHIROLA Y LE DIJIMOS QUE ESTABAMOS JUGANDO A LA ESCONDIDA PERO A LA SEMANA EL PIBE NO QUERIA JUGAR MAS Y LLA NO LE SABIAMOS QUE DECIR ASI QUE TE LO MANDAMOS A BOS
CUIDATE PLANCHA
BRAYAN”.

Para festejar su llegada lo llevamos a comer a “Quique Gavilán”.
El Chirola era un digno hermano de Maicol. Entre los dos golpearon al hombre disfrazado de Quique Gavilán y después boxeó a un par de botijas en el pelotero, de donde salió con un par de championes ajenos.
Esa semana nos dedicamos casi por completo al Chirola. Le hicimos una casa del árbol, lo llevamos a jugar a la plaza y Maicol lo llevó a las maquinitas (pero jugó el solo).
Viéndolo jugar en la plaza noté que no se comunicaba con otros niños sino a través de la violencia, ahí tomé conciencia de que no le conocía la voz.
-Vo, Maicol. ¿No habla nunca el Chirola?
-¿Y yo qué se?
-¿Cómo que no sabes? Sos el hermano.
-Y no se, yo nunca lo escuché.
-¿Y si es autista?
-¿Corte carterista pero de autos?...

A partir de ahí me obsesioné en que el Chirola se integrara con niños de su edad.
Una tarde pasé por una cancha de baby fútbol donde entrenaban un grupo de niños. El técnico era el mellizo Morales.
Cuando terminó la práctica me acerqué a hablar con él.
-Hola, buenas tardes.
-¿Qué querés pibe?
-No, resulta que estoy a cargo de un pibe de la edad de estos y quería saber si lo puedo traer a practicar.
-Claro que podés-me dijo con voz de pesado-Traelo, lo pruebo y ahí vemos si sirve para jugar al fútbol o si es un negado que no va a llegar a nada en la vida. ¿Por qué no lo vas a poder traer?
-No, digo si me puedo quedar tranquilo de que lo vas a tratar bien.
-¡Pero si querés que lo traten bien llevalo a "Better Life"! ¡Esto es fútbol carajo!
-Ya se, pero vos tenés fama de ser un poco agresivo con tus dirigidos.
-Pero vos viste toda la práctica. ¿Te parece que fui agresivo?
-No se, eso de dirigir la práctica con un látigo en la mano me pareció un poco fuera de lugar.
-Bueno pero es un poco para que aprendan a respetar la autoridad. Los pibes a esta edad son bravos, si no les fijas límites se te retoban.
-Pero después lo invitaste a pelear a un nene que te desobedeció una indicación.
-Es que los problemas entre hombres se solucionan así, mano a mano, y ellos lo entienden. ¿O los oís quejarse?
-No, la verdad que no se les oye ni una queja. Sobre todo a aquel que tenés amordazado, atado al arco.
-Ah, Marquitos. Y bueno, es el castigo ejemplificante que le corresponde a un lateral que le hacen la del treinta en pleno siglo veintiuno.
-¿Pero no lo podías atar vestido por lo menos?
-Para que aprenda a tener vergüenza. Para que sepa que la humillación que siente ahora es la misma que va a sentir el día de mañana si en un estadio lleno se come una moña pelotuda como la que le hicieron hoy.
-¿Y si alcanzaba con eso para qué trajiste a Vitette a que le diera un par de "DalPonte" al pibe del plantel que más pelotazos le acertara?
-Es que ahí combino la sanción con la enseñanza de recursos técnicos, para mejorar la precisión de los pibes con pelota quieta.
-Pero no había ni tres pasos de distancia entre Marquitos y la pelota.
-Son gurises de cinco años ¿qué querés? ¿Que los ponga a patear de la mitad de la cancha?
-Y si el primero en patear fuiste vos.
-Ta, para que vean cómo se hace-En ese momento uno de los niños se desmayo adelante de nosotros-¿Ves lo que te digo?
Un pibe que se me desmaya en una práctica me demuestra que no puede jugar ni al tutti frutti.
-¿Pero ese por casualidad no es el nene que despejó un centro hacia el medio del área y le entraste a dar la cabeza contra el palo?
-Tenés razón. El Rodri, siempre mariconeando este chiquilín.

Llegué a la casa después de esquivar los proyectiles que Maicol y el Chirola arrojaban desde la casa del árbol a todo aquél que pasaba.
Hasta que cayó la noche, sometimos al Chirola a un duro entrenamiento.
Pero mientras yo trataba de hacer del Chirola un jugador con clase, Maicol se dedicaba a instruirlo en todo tipo de agresiones y avivadas tales como codazos, tirones de pelo, agarrones y escupidas.
Al final me rendí y me fui con Teddy a ver “Dale con todo”.
Por la ventana veía a Maicol que, con una careta de Spiderman, le enseñaba festejos de gol al Chirola.
Al otro día el Mellizo lo probó de volante de marca y el Chirola lo conformó, así que el sábado iba de titular.


El sábado bien temprano, estábamos todos en la canchita.
El partido todavía no arrancaba y Maicol ya había formado una especie de barra de aliento, integrada por unas diez personas entre algún padre y vagos que había reclutado por ahí, que se había ubicado atrás de uno de los arcos.
Era un partido muy disputado en la mitad de la cancha. El Mellizo desesperaba:
-¡Metan maricones, los voy a recagar a trompadas!
El primer tiempo se fue cero a cero y me arrimé a escuchar la charla del Mellizo:
-¿Pero ustedes son tarados o estúpidos? Con las ganas que están poniendo no pueden jugar ni al ajedrez. Maxi, te tengo todo el partido jugando arriba y no le haces un gol ni a tu vieja. Marquitos, no parás ni el 137, pasan caminando por tu sector, viejo. Y vos, Rodri, hacete ver lo del pie redondo, querido, no embocás un pase.
Si me avisaban que iba a dirigir un equipo de lisiados pedía más plata.
Al promediar el segundo tiempo el trámite del partido seguía incambiado, al Mellizo se le agotaban los recursos:
-¡Maxi, corré pecho frío, te voy a fundir una zapatería en el or...!
En eso, un hombre entró corriendo a la cancha con un bidón de nafta. Se lo volcó encima y se prendió fuego.
Como en los partidos de babys no hay coraceros, el tipo corrió incendiado por toda la cancha hasta aburrirse.
Este acontecimiento, sumado a algunos proyectiles que el grupo de Maicol hizo caer sobre su arquero, al tiempo que entonaban la clásica canción tribunera dedicada a los guardavallas, puso nerviosos a los niños del equipo rival y terminamos ganando 3 a 0.
Al término del encuentro fuí a buscar a Maicol para irnos:
-Dale Maicol, vamos.
-Pará, vamo a esperar al Fuego-En eso apareció el pibe incendiado.
-¿Te hiciste amigo de este tarado?
-Un mostro el Fuego.
El próximo partido era el miércoles de noche y Maicol se propuso hacer una bandera para alentar al Chirola.

-¡Dale, Chirola, se hace tarde!
-¿Ese es el trapo Maicol?
-See, mirá si no es la propia.- Era una bandera de 2x1 que decía: “el chiró”.
-Está buena.
-Vo, pero vamo a arrancar que tenemo que esconder las bengala.
-Dale, y en el camino me explicás por qué la hiciste con los colores de Peñarol.
Para este partido la barra de Maicol había crecido notoriamente tanto en número como en peligrosidad de sus integrantes. Además de la bandera del Chirola, había un par de bengalas y se oía un bombo.
Fue otro partido cerrado que se estaba yendo cero a cero.
Cuando restaban pocos minutos para el final, noté que los muchachos habían cortado la red y Maicol ya no estaba atrás, sino adentro del arco rival.
En el último minuto el arquero se hizo de un balón y Maicol lo cazó del cuello y lo metió para adentro del arco.
Seguramente por temor a ser linchado, el juez validó el tanto lo que trajo aparejadas acaloradas protestas de los padres del otro equipo.
Todo esto derivó en que la barra de Maicol corriera, golpeara y robara a los padres, madres y hermanitos de los rivales.
Cuando volvíamos Maicol se jactaba de haberle robado una bandera a la otra hinchada:
-El propio trofeo de guerra me hice.
-¿Trofeo de guerra? Maicol, dice:"Fuerza Santi, te queremos mamá y la abuela".
-Si, pero me hizo frente la vieja, me pegó con el bastón.
-Le robaste a una señora de bastón, encima. No tenés vergüenza.
-No, el bastón lo tenia yo, se lo saqué al viejo ese que esta siempre al lado de la cancha.
-¡Maicol, ese es el abuelo de Alvarito, el compañero del Chirola!
-Un pancho bárbaro. Andar con lentes negros de noche.
-¡Es ciego, Maicol!

A los dos días recibí el llamado de un dirigente de la liga de baby fútbol.
En la muestra de orina del chirola se habían encontrado metabolitos de danonina, componente principal del Danonino. Sustancia prohibida por el reglamento de la liga por alterar las hormonas del crecimiento y otorgar una ventaja deportiva al que la consume.
Teníamos que ir al otro día con el Chirola para la apertura de la segunda muestra.
La segunda muestra confirmó los resultados de la primera y al Chirola le dieron la sanción mínima de dos meses.
Ahora el problema era encontrarle al Chirola otra actividad grupal.
Se nos ocurrió inscribirlo en una escuela, pero resulta que no había ninguna escuela en la isla.
Hasta ese día. La mañana siguiente el barrio amaneció empapelado con los afiches de la nueva guardería: “Rayito de Maicol”.
Iniciamos las actividades con seis niños, contando al Chirola.
La veníamos llevando bien hasta que un bebé nos demostró que había cosas para las que no estábamos preparados:
-Vo Pelo, este se garcó, eh.
-¿Y qué querés que haga? Limpialo.
Maicol, sacale ese revólver de la sien inmediatamente.
-¿Lo limpio o no lo limpio?
-¡No! Que lo laves quiero decir.
-¿Y por qué yo? Andá vos.
-Vamos los dos entonces.
Lo llevamos al baño para ver la gravedad del asunto:
-¡Ah, no!
-Ah, pero este se metió al Arroyo Carrasco a buscar pasta base.
-No, la verdad que este pibe está podrido.
-¿Y cómo lavamo esto?
-Yo acá no meto mano ni loco. Yo digo de sacarlo al jardín y pegarle unos manguerazos.
-Usté sabe y sabe.
Lo llevamos al jardín y lo dejamos en el pasto.
Yo le apuntaba con la manguera y Maicol esperaba mis indicaciones para prender la bomba.
La presión del agua estaba algo fuerte, lo que hizo que el niño rodara unos diez metros por el césped.
A su suciedad anterior, se le sumaban ahora pastos, hormigas y algún que otro abrojo.
Quizás por las picaduras de las hormigas o los pinchos de los abrojos el niño empezó a llorar:
-¡Callate pendejo de mierda!
-Pendejo globo.
-¿Y ahora cómo lo limpiamos?
-Pa mi que hay que meterlo a la piscina y que el agua lo lave.
La idea de Maicol parecía funcionar bastante bien hasta determinado momento:
-¡Se hunde! ¡Maicol, el calderín!
-¡Puta, se me escapó!
-¡Se ahoga!
-¡Pará que lo agarró el filtro!
-¡Uy!
La desesperación de Maicol por liberarlo del filtro de la piscina, resultaba nociva para la integridad física del niño:
-¡Le estas pegando en la cabeza, Maicol!
-¡Ta imposible vo!
-Bueno, ahora que lo desmayaste se te tendría que facilitar la cosa.
Cuando todo parecía perdido apareció en escena Galindes. El perro maravilla se tiró a la pileta y en pocos segundos logró rescatar al niño.
Ahora teníamos un niño desmayado, con un poco de agua en los pulmones y hematomas causados por el calderín, pero limpio y fragante.
Cuando volvimos con el resto de los niños, el Chirola había metido a uno de sus compañeritos en el lavarropas.
Apagué el lavarropas y rescatamos al niño de entre la espuma.
-No se si habrá sido una buena idea esto, Maicol.
-¿Cómo no se nos ocurrió?
-¿Qué iba a ser para lío?
-No, la de meterlo en el lavarropa.

Cuando bajé a desayunar, al otro día, el Chirola estaba sentado en el sofá con Teddy mirando “Flavia está de fiesta”. A Teddy se lo notaba en desacuerdo con la elección del programa pero el Chirola le había arrebatado el control remoto.
Flavia cantaba la canción del Ratón Pérez.
-El Ratón Pérez le compra los dientes a los niños buenos y obedientes- dijo Teddy.
El Chirola, que hacía unos días tenía un diente flojo se fue a su cuarto.
Al rato vino con el diente en la mano.
-Bien Chirola, ahora ponelo debajo de la almohada así te lo compra el ratón-le dije, y lo acompañé al cuarto. Arriba de la mesa de luz había una pinza.
En nuestro segundo día de trabajo ya teníamos nueve niños, pero fue más tranquilo que el primero.
Sólo algún inconveniente aislado:
-Maicol, ¿no les podés enseñar canciones que no sean de la barra de Peñarol?-el Chirola se me acercó mostrándome un puñado de dientes-No Chirola, el Ratón Pérez no te va a comprar los dientes que le bajes a trompadas a tus compañeros. Y mucho menos ese de Galindes.
De noche agarramos plata de la caja fuerte y la pusimos debajo de la almohada del Chirola.
En la mesa del desayuno, Maicol volvió a hacer gala de su cerebro roído por la pasta base:
-A mi también me van a tener que dar guita, mirá.-me sonrió y le faltaba uno de sus incisivos. Después me mostró el diente en la mano.
-Pero ese te lo arrancaste vos.
-¡Y el Chirola también se lo arrancó!, con una pinza.
-Pero el Chirola lo tenía flojo.
-¡Yo también!
-Pero vos te lo aflojaste a martillazos, Maicol.
-¿No vale entonce?
-No, además no te vuelve a crecer.
-¿Y ahora?
-Yo qué se.
El sábado por la tarde, Maicol apareció luciendo un diente de oro.
-Quiebro con este oribe, ¿eh?
-¿Dónde conseguiste ese diente?
-Me encontré con Jorge Dely ahí en las maqui y le dije que le pasaba de pantalla si me conseguía un diente así como el de él y tá, le di vuelta el juego y me llevó a una joyería que venden diente de todos los metale, y tá, elegí este.
-Te debe haber salido un huevo.
-Jeje. Si, pero igual lleve la Credisol del Teddy. Ademá con todo lo que me rastrillé salí ganando.
Tomá, te traje esta cadenita.
-Gracias, no te hubieras molestado.

Durante el primer mes y medio de la suspensión del Chirola, Maicol y yo nos fuimos afianzando en nuestro rol de educadores, teníamos más de treinta niños y fuimos agregando nuevas actividades. Maicol les daba clases de manualidades, donde les enseñaba a los niños a construir cortes carcelarios y cosas por el estilo y los viernes yo les leía un cuento de Teo, lo que me obligó a agregar una hora adicional de clase de apoyo para explicárselos a Maicol.
Pero el final de "Rayito de Maicol" estaba próximo.
Una tarde tuve que ir a reunirme con el abogado Matlock, que estaba llevando adelante un pedido de reducción de la sanción del Chirola, por lo que dejé a Maicol encargado de la guardería.
Cuando llegué, los pibes le habían detonado la casa a Teddy y ahora llevaban adelante todo tipo de actos vandálicos.
En el jardín, tres niños habían secuestrado al perro del vecino y uno de ellos lo rociaba con kerosene mientras los dos restantes lo pateaban en el piso.
Un poco más lejos un grupo de seis o siete linchaba al cartero.
Alguien había prendido los regadores. La casa del árbol estaba envuelta en llamas.
Corrí hacia la casa en busca de Maicol. En el camino me crucé con una marcha de niños piqueteros que levantaban muebles rotos y pedazos de casa sobre sus cabezas a modo de trofeo. El que iba adelante llevaba a Teddy empalado con un lampazo.
En el living de la casa, uno de los niños se balanceaba colgado al ventilador de techo mientras los otros intentaban descolgarlo arrojándole toda clase de objetos contundentes.
Maicol tampoco estaba ahí así que subí al piso de arriba.
En la puerta del baño estaban agolpados unos diez niños que intentaban abrirla por todos los medios, del lado de adentro se oían insultos. Era la voz de Maicol.
Salí por la ventana y trepé por la pared hasta la ventana del baño.
Maicol estaba atrincherado en la bañera, con el Poet en una mano y un encendedor en la otra. Le golpeé para que me dejara entrar.
-Pelo, menos mal que llegaste.
-¿Qué es todo este quilombo?
-Tan pasados estos pibes, me quieren linchar.
-¿Por qué?
-Porque quieren más pasta base.
-¿Cómo "más"? ¿Los convidaste?
-¡No, yo no los convidé!...les vendí.
-¡Pero imbécil!
¿No pensaste que tenés un hermano de su misma edad?
-Claro que pensé, globo. Al Chirola no le cobré.
-¡Idiota!-me asomé a la ventana y vi a Galindes que huía desesperado del Chirola que, al mejor estilo Jason, lo corría con la bordeadora encendida y la careta de Mickey-Creo que ya encontraron las herramientas.
En eso la cabeza de un hacha atravesó la puerta:
-¡Tomá, tomá esto!
-Maicol, no cago a nadie con esta sopapa, rajemos.
De la ventana trepamos al techo. Desde ahí se oía a los niños destrozar el baño. Habían roto los azulejos y ahora se los arrojaban a los niños que corrían por el jardín.
-Maicol, tenemos que hacer algo-Maicol me daba la espalda y se había subido la capucha de la Alpha polar-¡Maicol!
Después de dar una honda inhalación, Maicol corrió hacia la chimenea y se tiró de cabeza.
Bajé por el desagüe y miré por la ventana. Maicol se remaba contra la horda de niños enfurecidos. Tenía un niño subido a caballito y otro que, desde el piso, lo agarraba de los pies y le mordía la pierna.
Un proyectil arrojado detrás de mí, rompío el vidrio de la ventana. Me di vuelta y un niño me tiró una maceta a quemarropa. Cuando estaba por agarrar otra, lo levante en el aire de una patada.
Corrí a buscar la manguera para disgregar a las masas de niños, la prendí y me metí en el living.
En pocos minutos logramos encerrarlos en la despensa.
Después nos tiramos en el sofá a recuperar energías.
-¿Y qué hiciste con el asmático mientras los otros fumaban?
-¿Qué asmático?
-¿Cómo "qué asmático", boludo?
-¿El guacho que colesiona enfermedade?
-Si, el alérgico al agua.
-¿É asmático también?
-¡Claro!
-Uh.
Un grito ahogado interrumpió nuestra conversación.
-¡El pibe, boludo!-el niño se retorcía en el piso intentando respirar-Rápido Maicol, ayudame a buscar el inhalador.-Maicol tenía una expresión rara en el rostro.
-¿Qué pasa Maicol?
-Nada.
-¿Qué tenés en la mano?
-Nada.
-Mostrame las dos manos-Maicol abrió las manos dejando caer el inhalador, que tenía un aspecto algo cambiado.
-¡¿Hiciste una pipa con el inhalador?!-Maicol agacho la cabeza con gesto de culpa-Voy a llamar a la ambulancia. Hacele respiración boca a boca, algo, yo qué se.
-Pará Maicol Jackson, jate que boca boca.
La ambulancia llegó enseguida y se lo llevó al hospital.
Cuando llegaron los padres a recoger a sus niños, ya se habían quedado dormidos después de que les pegara el bajón y vaciaran la despensa.
Fue el último día de la guardería.
Las dos semanas posteriores al cierre las ocupamos en reconstruir la casa, mientras Teddy permanecía internado por el asunto del lampazo.
Pasado ese tiempo el Chirola se reintegró al baby fútbol.
Su debut no fue el mejor. Probablemente por su prolongada inactividad, llegó a destiempo a un quite poniéndole los tapones en la glotis a un adversario, los compañeros del niño saltaron a defenderlo y esto terminó en una reyerta generalizada entre los niños de ambos equipos. La “Banda Maicol” no tardó en invadir la cancha. El juez fue agredido con una regadera.
En el medio del tumulto, yo trataba de que el Chirola no lastimara a nadie más:
-¡Maicol, ayudame a parar al Chirola!-Pero Maicol estaba muy ocupado despojando a un niño de su indumentaria deportiva.
Esa misma noche en “Shock T.V.” pasaron las imágenes del incidente filmadas por un videoaficionado que se encontraba en la tribuna. El conductor Daniel Coronel le ponía todo su dramatismo a las imágenes:
-“…Los jugadores se toman a golpes de puño ¡cómo se la están dando por favor!
Y ahora los hinchas entran a la cancha… ¡Le están pegando a los niños!
Esto es un verdadero pandemonium, les pido especial atención al muchacho este que viene con la regadera ¡y se la parte al juez en la cabeza! ¡¿Nadie le avisó!? ¡Esto es terrible!...”.
Al Chirola le dieron tres partidos de suspensión así que recién llegaría para disputar la final.
La final la fui a ver con Teddy, ya que Maicol se tuvo que presentar en la comisaría dos horas antes del encuentro y salir dos horas después de finalizado.
Sin su cabecilla, los muchachos de la barra estuvieron mucho más pacíficos, así que el espectáculo estuvo exclusivamente adentro de la cancha.
Fue un partido como todos los que planteaba el mellizo. El primer tiempo se fue sin goles y con dos expulsiones para cada equipo, sin contar la del propio Mellizo por agresión verbal.
El segundo tiempo fue peor que el primero, terminamos jugando 8 contra 9.
Fueron al alargue y todo pintaba para los penales hasta que un centro, producto de un córner, derivó en gol de rodilla del Chirola. Gol de oro.
Esta vez fui yo el que invadió la cancha para tirarme en la montonera de niños a festejar el gol. Después cumplí una promesa de dar la vuelta saltando en el caballito inflable. A mi lado, el Mellizo se hacía llevar en andas por los niños.
Al mediodía siguiente me apersoné con Maicol en la sede del club para negociar las condiciones del nuevo contrato del Chirola, a nuestro entender, el artífice del campeonato.
El presidente del club, un corrupto estafador ex integrante de la Comisión Fiscal de “Desafío al corazón”, nos dijo que él no tenía nada que negociar con padres, madres o tutores de los jugadores.
Fue ahí que tuve que explicarle que Maicol y yo no veníamos en calidad de tutores, sino de jefe de la barra brava y representante del jugador respectivamente. Así que si no negociaba conmigo civilizadamente el nuevo contrato, iba a tener que negociar con Maicol y su gente en términos menos cordiales.
En media hora ya estábamos afuera de la sede. La negociación no salió exactamente como la habíamos planeado.
No se si le disgustaron algunos detalles del contrato como el sueldo en dólares que pretendíamos para el Chirola, sin incluir los distintos premios por : gol, pase gol, pelota en el palo, y rival lesionado; si le cayó mal alguna cláusula como la que decía que el Chirola no podría ser marcado en las practicas, o la de que podía dar de baja a los compañeros que no le cayeran en gracia; o si le molestó que Maicol le haya hablado parado sobre el escritorio, apoyándole un pie en el pecho y blandiendo un trofeo, q sacó de la vitrina, en actitud amenazante; pero el presidente no quiso saber de nada con la negociación. . El Chirola había sido declarado en rebeldía.
Durante casi un mes estuvimos saliendo a correr con el Chirola por el parque para que no perdiera estado físico. Le habían cortado las piernas, estaba imposibilitado de jugar en cualquier equipo de la isla. Junto a Ben Matlock, intentamos algunas maniobras legales para que el Chirola fuese declarado jugador libre. Pero Matlock ya no era el de antes y no le ganaba un juicio ni al Estado.
El único horizonte futbolístico del Chirola estaba afuera de la isla. Pero de ahí no se podía salir así nomás.
Una mañana estaba viendo “El mundo de Yupi” con Teddy y me acordé que el pelado de “Gol a Gol” me había dicho que sólo se podía entrar y salir de la isla en plato volador.
Resulta que Yupi era amigo de Teddy y yo le dije que le pidiera que nos ayude a salir de la isla.
-Hola Yupi.
-¡Joder Teddy! ¿Cómo estás, chaval?
-Bien. Estoy con unos amigos que necesitan que los saques de la isla.
-Mande tío, cuando quieran paso a buscarlos.
-¿Qué te parece si venís el domingo y ya nos comemos un asado?
-Enhorabuena, Teddy, de puta madre.
El domingo ya teníamos todo el equipaje pronto y después de comer el asado nos subimos a la nave espacial de Teddy y sus amigos humanoides.
Cuando Galindes se fue a subir lo paré en seco y le dije:
-Galindes, vos no nos podes seguir acompañando.
Durante el tiempo que estuvimos acá aprendí que en esta isla se encuentran todas las personalidades que alguna vez tuvieron fama y que así como surgieron, cayeron en el ostracismo. Y vos sos un claro ejemplo de esas personalidades, este es tu lugar, Galindes.
Galindes agachó la cabeza y yo, en un gran esfuerzo por no quebrarme delante de él, lo acaricié por última vez y me metí en la nave. Me iba a poner a llorar pero tuve que decirle a Maicol que sacara al Chirola del volante.
Yupi encendió el motor y así partimos de vuelta, quién sabe a donde.

3)Maicol en el país de las maravillas

El siguiente es un acontecimiento que tuvo lugar durante nuestra estadía en Río de Janeiro, cuando todavía vivíamos en la casa de Zinha.
Era un día de calor agobiante. A la hora de la siesta yo estaba en el ómnibus mirando La Costeña y el Cachaco en polaco.
Maicol subió al ómnibus con la jarra de la licuadora, tomando un licuado.
Era un líquido verde opaco. Pensé que sería de frutas exóticas y le pedí que me convidara:
-¿Está bueno ese licuado, Maicol?
-Má firme, que chota de preso. El propio licuado me mandé.
-¿Me convidás?
-Sabelo.
Íbamos por la mitad de la jarra, cuando Quico Millonario salió de atrás de un asiento. Iba muy apurado, contando dólares y mirando su Rolex. Se bajo por la puerta de atrás:
-¡Vamo a robarle todo al cheto este, anda con toda la teca!
-¡Conejo robaplata!
Salimos corriendo atrás de él.
Cuando bajamos del ómnibus no salimos al pasillo de la favela sino a un bosque como los de los cuentos.
Quico nos llevaba como media cuadra y lo sacamos corriendo. El conejo millonario se metió en un agujero que había en el piso.
Cual jugadores del Flamengo, Maicol y yo nos tiramos de cabeza dentro del agujero.
No terminábamos de caer nunca, era un pozo sin fondo:
-Vo Pelo, esto no termina má. Hace una banda que estamo cayendo.
-Tenés razón, ya me había olvidado.
-¿Qué habrá abajo del mundo?
-¡¿Qué?!
-Si este pozo sigue hasta que se acabe la tierra… ¿Adonde salimo?
-A China.
-No, si China está arriba.
-¿Arriba de que?
-De la tierra.
-¡Maicol el mundo es un globo!
-Un globo sos vó. Jate de andar de cuento.
Explicándole a Maicol que el mundo era esférico, pero eso no quería decir que los chinos se tuvieran que atar del piso para no caer al vacío, se me fue más de media hora.
Pero seguíamos cayendo.
Me estaba por quedar dormido cuando caímos sobre un puff anaranjado con manchas de vómito. La caída había terminado.
Ante nosotros se abría un largo pasadizo y alcanzamos a ver en él a Quico, que se alejaba a toda prisa.
El conejo dobló en una curva del pasadizo. Cuando nosotros la doblamos, no lo vimos por ningún lado.
Nos encontramos en una habitación con paredes tapizadas con chanchinhos voladores y una bola de espejos en el techo.
Había puertas alrededor de toda la habitación, todas cerradas con llave. Maicol intentó, sin suerte, abrirlas por la fuerza.
En eso encontré una llave chiquita. La probamos pero entraba bailando en las cerraduras.
Maicol encontró una puerta tamaño Playmobil. Probamos la llave y la puerta se abrió.
Arrodillado, pude ver que la puerta daba a una habitación chiquita que estaba ocupada por una cama redonda llena de chicas voluptuosas que nos llamaban.
Nos moríamos de ganas por darle rienda suelta a nuestra lujuria. Pero para eso tendríamos que encogernos.
Volví hacia el estante y encontré una petaca de whisky que decía “BEBEME”.
Nos la bajamos, cuando la terminamos teníamos la altura de un Playmobil. ¡Ahora podíamos ir con las minas!
Pero cuando llegamos a la puerta…
-Me vas a matar, Pelo.
-¿Por qué?
-Dejé las llave arriba.
-¿Dónde?
-En el estante.
-¡No! ¿Y ahora?
Mis ojos se posaron sobre una caja de cartón que había debajo de la estantería. La abrimos y encontramos una pipa de agua en la que se leía la palabra “FUMAME”.
Le dimos un par de buenas secas a la pipa y comenzamos a estirarnos. Ahora medíamos más de tres metros.
Maicol agarró la llave pero ahora no pasábamos por la puerta.
La mezcla del whisky y la hierba de la pipa me hicieron vomitar.
En ese momento apareció Quico, en bata, abanicándose la entrepierna. Maicol lo quiso pisar y Quico salió corriendo, dejando caer el abanico.
Yo seguía vomitando y Maicol me empezó a hacer aire con el abanico. El movimiento del abanico nos encogió nuevamente y caímos en mi vómito. Nos subimos a un pedazo de pancho y remamos hasta la orilla: “Clavo mi remo en la bilis, llevo tu remo en el mío. Creo que he visto una luz, del otro lado del chivo”.
Salimos del lago de vómito y vimos a Quico y lo seguimos hasta su casa.
Cuando se paró frente a la puerta y sacó las llaves, Maicol le puso una patada voladora en la espalda que le hizo estallar el teclado contra la puerta. Lo siguió golpeando con su piña americana hasta hacerlo perder el conocimiento y lo despojó de su Rolex.
Con las llaves en nuestro poder, nos metimos en la casa con la intención de desbalijarla.
Estábamos dando vuelta la casa en busca de dinero, cuando vimos una mesa de vidrio sobre la que se extendía una línea de polvo blanco. No decía “JALAME” pero Maicol igual se la encajó de un saque. Acto seguido empezó a crecer velozmente. Tuve que meterme en la chimenea para no ser aplastado.
Maicol había tenido que sacar un brazo por la ventana y una pierna por la puerta de la cocina.
Llegaron hasta la puerta unos cuises que eran los criados de Quico. Venían montados en cólera y decididos a vengar la muerte cerebral de su patrón.
Traían cascotes en las manos y empezaron a apedrear a Maicol.
Maicol les gritaba que los iba a picar pa`mortadela, cuando los cascotes se empezaron a convertir en cápsulas de todos colores.
Con cada cápsula que tomaba, Maicol iba disminuyendo de tamaño.
Cuando estuvo del mismo tamaño que yo, tuvimos que salir de la casa y enfrentarnos a los cuises.
A golpes de puño (y de piña americana), logramos reducir a los cuises. Pero vimos que a lo lejos venían otros, así que optamos por huir hacia el bosque.
Caminando por el bosque nos encontramos con una oruga que estaba fumando hachís tirada sobre un pedazo de bosta y nos colgamos a hablar con ella. Le preguntamos cómo podíamos recuperar nuestro tamaño natural, y nos pidió que la ayudáramos a dar vuelta el pedazo de bosta.
La parte inferior de la bosta estaba cubierta de hongos verdes y azules:
-Los verdes te agrandan y los azules te achican.- Dijo la oruga.
Juntamos todos los hongos que nuestros bolsillos permitieron y nos fuimos de ahí.
Seguimos caminando y nos detuvimos frente a un edificio de apartamentos que se erguía en el medio del bosque.
Nos mandamos un puñado de hongos verdes para recuperar nuestra estatura y fuimos hasta la puerta.
Los carteles de los timbres estaban todos en blanco menos uno que decía en letra bien grande “ES ACÁ”.
Estaba por tocar el timbre cuando apretaron el portero eléctrico y abrimos la puerta.
En el hall del edificio no había nadie pero el ascensor estaba ahí con las puertas abiertas. Nos metimos y las puertas se cerraron detrás de nosotros. El ascensor subió sin que apretáramos botón alguno.
Nos detuvimos de repente y las puertas se abrieron. Delante nuestro había un pasillo angosto que conducía a una única puerta. Cuando me acerqué vi que la puerta tenía un ojo para mirar de afuera hacia adentro y miré.
Me encontré cara a cara con una mujer toda despeinada con cara de psicópata. Me di vuelta y agarré de un brazo a Maicol para salir corriendo. Pero me sorprendí al ver que donde antes estaba el ascensor, ahora había simplemente una pared.
La mujer abrió la puerta:
-Pasen, los estaba esperando.- dijo.
Tenía un aspecto descuidado. Llevaba puesto un camisón sucio, con unas manchas que parecían cagadas de paloma y… ¡Una paloma anidando en su cabeza! ¡Era la mujer paloma!
Entramos y nos quedamos atónitos mirando el panorama de la habitación: Las palomas habían tomado la casa. Había unas jugando al ajedrez, otra armaba un refuerzo en la cocina, otra leía el diario tirada en el sillón con los pies en la mesa, unas más chicas jugaban al Play Station, mientras una paloma anciana tejía unos escarpines en la mecedora.
La mujer nos escoltó hasta una mesa con varias sillas.
-Tomen asiento-nos dijo, para lo cual tuve que sacar a una paloma de la silla.
Frente a nosotros estaba sentada una joven con un chaleco de fuerza que nos decía que le hiciéramos una torta.
La mujer paloma fue a la cocina y trajo una bandeja con tasas de té y unas masitas que no nos atrevimos a tocar.
De repente se levantó de la mesa:
-Ahí viene el doctor-dijo, apretó el botón del portero y se quedó esperando tras la puerta.
Cuando abrió la puerta entró un hombre de túnica que traía un puma atado con una correa.
El doctor le ordenó al puma que se sentara en la silla. El puma saltó a la silla y se sentó.
El doctor sacó un feto del bolsillo de su túnica y se lo dio al puma.
“¡Que terrible!”, me dije para mis adentros.
En eso se abrió la puerta del dormitorio y salió un canario abrazado a dos cotorritas australianas.
Con el ala izquierda, además de abrazar a la cotorrita, sostenía un vaso de whisky y un cigarro al mismo tiempo. Llevaba una corbata en la cabeza a modo de bincha y se lo notaba en estado etílico.
Enseguida advertí que se trataba del canario fugitivo de Alba, Se sentaron los tres a la mesa y seguimos con el té.
Cinco minutos más tarde, la mujer se volvió a parar para abrir la puerta.
Esta vez entró una señora reptando, que enseguida reconocí como la mujer serpiente. Atrás de ella entraron como cien duendecitos chiquitos.
La mujer paloma subió a la mujer serpiente a una silla y los duendecitos se subieron directamente a la mesa.
Seguimos tomando el té con la mesa plagada de duendecitos, uno de los cuales, al entender de Maicol, nos miraba de pesado.
En eso, una paloma adulta sacó a los pichones que jugaban al Play Station y se puso a hacer zapping.
Se detuvo en “Pare de sufrir”, donde un pastor promocionaba la bolsa de agua caliente de la descarga:
-Si usted, amigo, se calienta los piezinhos con esta bolsa de agua, Cristo le devolverá la alegría y va a expulsar a Satanás de su organismo…
Al oír estas palabras, a la mujer paloma se le pusieron los ojos en blanco y empezó a girar la cabeza a toda velocidad mientras se tiraba un eructo interminable.
La paloma que tenía en la cabeza salió despedida y fue a dar justo al extractor regando la habitación de plumas.
La mujer serpiente empezó a reptar frenéticamente, la chica de la torta desató el chaleco de fuerza, el puma se puso como loco, el canario le rompió un vaso de whisky en la cara a una de las cotorritas, los duendes cometían todo tipo de desmanes, el doctor se reía a carcajadas.
-¡Maicol rajémos!-Grité. Nos llenamos la boca de hongos azules hasta quedar del tamaño de los duendes, nos subimos a una paloma y escapamos volando por la ventana.
Volamos por el bosque hasta que un proyectil impactó contra nosotros y caímos al suelo.
Maicol y yo salimos ilesos, pero la paloma había caído fulminada. Fui a ver qué era lo que nos había derribado y fue mayúscula mi sorpresa al ver que se trataba de un Pampero Infantil: “¿Esto quién lo tiró?”.
Levanté la cabeza y vi, a unos cuantos metros, a Chele que, de espaldas a nosotros, filmaba uno de sus clásicos comerciales.
Nos comimos unos hongos verdes y volvimos a nuestro tamaño normal.
Caminamos hacia Chele pero él no nos había visto y nos seguía arrojando zapatos. Maicol le empezó a devolver los zapatazos y le encajó un champión en la nuca, de esos que hacen luz al pisar.
Chele nos mostró todas sus ofertas. Al final me convenció y le compré un par de Bergantiños.
Seguimos caminando por el bosque y vimos a la gata de alba, sentada en una rama de un árbol muy cerca nuestro:
-¿Qué hacés turbina?
-¿Qué dice Negrita?
-En la lucha, como siempre.
-No hay otra. Ché, los que viven en el edificio están chapas ¿no?
-Acá estamos todos locos.
-¿Vos también?
-Como para no estarlo. ¿Te gustaría presenciar el acto sexual entre Alfredo y Alba?
-No creo, no, que me guste-Dije conteniendo el vómito.
-Por si fuera poco, cuando Alba no está, Alfredo abusa sexualmente de mí. Alba se puso celosa y me mandó castrar, pero el viejo degenerado me sigue vejando.
-Terrible.
-¿Vas a jugar al Monopolio con la Reina hoy?
-No sé.
-Nos vemos ahí entonces-dijo la gata y se desvaneció.
Seguimos nuestro camino hasta toparnos con un árbol que tenía una puerta en el tronco.
Entramos y nos encontramos de vuelta en la habitación del principio con la bola de espejos en el techo.
Agarramos la llave del estante y abrimos la puertita. Después nos comimos los últimos hongos azules que nos quedaban para poder pasar por la puerta. Y entonces estuvimos por fin en la cama redonda rodeados de mujeres.
Luego de saciar nuestro apetito, la cama redonda empezó a girar a gran velocidad y abrió un agujero en el suelo.
Fuimos a parar al centro de un tablero de Monopolio. Había allí tres cartas agregándole un cero a cada billete de diez. Eran un dos, un cinco y un siete de diamantes.
Les pregunté por qué hacían eso y el dos me dijo:
-Lo que pasa es que estos tenían que haber sido billetes de cien, y nosotros los hicimos de diez, y, si la Reina se entera nos van a cortar a todos la chota.
En eso aparecieron el Rey y la Reina de tréboles con su séquito.
Dos, Cinco y Siete se inclinaron con una rodilla en el suelo. Yo los imité. Maicol se quedó parado.
Cuando el cortejo llegó a la altura de Maicol todos se detuvieron y lo miraron, y la Reina le preguntó severamente:
-¿Y tú quién eres?
-¡Quién só vó, cara cagada! Te viá romper toda.
La Reina se puso roja de furia, y tras dirigirle una mirada fulminante, empezó a gritar:
-¡Que le corten la chota! ¡Que le cort…!
-¡Pero cortámela vos con los diente, vieja masca tripa!-gritó Maicol y la Reina se calló.
-Cariño, considera que se trata sólo de un marginal.-le dijo el Rey.
La Reina se volvió hacia las tres cartas arrodilladas:
-¿Y ustedes que hacen acá?
-Estábamos…
-¡Ya lo veo!-dijo la Reina que había estado mirando los billetes.- ¡Que les corten la chota!
El encargado de cercenarle el miembro viril a los condenados, era un rabino noruego que padecía del mal de Parkinson.
El cortejo siguió su marcha excepto el rabino que se quedó a ajusticiar a las tres cartas.
-¿Saben jugar al Monopolio?-nos preguntó la Reina.
-Si-dije yo.
-¡Vamos entonces!- dijo, y nos dio un fajo de billetes.
Todos los participantes nos dirigimos hacia la casilla “GO”, y nos pusimos en fila. Al lado nuestro, en una silla de ruedas empujada por un cuis, estaba Quico conectado a una sonda.
La Reina dio la orden de largada y todos avanzamos sobre el tablero.
Maicol y yo caminamos por las distintas avenidas hasta llegar a la Plaza San Carlos. Allí nos sentamos a descansar en un banco.
En lo alto de la jaula de los monos que había cerca del banco, empezó a aparecer la gata de Alba. Esta vez apareció sólo la cabeza:
-¿Qué dice la banda?
-Acá descansando un rato.
-No se boludeen, miren que a los que se quedan sin plata les cortan la chota.
-¿En serio?
-¡Claro!
-Tenemos que apurarnos entonces.
-Metanlé. Yo los dejo porque me tengo que ir a esconder. Alfredo se levantó de la siesta.-nos dijo mientras se desvanecía.
Nos levantamos para irnos pero un hámster se interpuso en nuestro camino:
-¿Qué hacen en mi plaza?-nos preguntó irritado.
-¿Que, la compraste?-preguntó Maicol irónico.
-¡Si!-le dijo mostrándole el título de propiedad-¡Yo la compre así que ustedes me tienen que pagar!
-Bueno pero ahora la compramo nosotro-dijo Maicol arrebatándole el título-así que andá pelando esas chapa si no queré que te pique pa´viruta.
Maicol peló la sevillana y el hámster accedió a pagarle el alquiler al módico precio de todo el dinero que tenía incluyendo también sus otras propiedades.
Quisimos seguir nuestro camino pero perdimos un turno en “parada libre”, el cual dedicamos a jugar al “veo-veo”:
-Veo veo.
-¿Qué ves?
-Nada.
-Abrí los ojos Maicol.
-Ah disculpá. Veo veo.
-¿Qué ves?
-Una cosa.
-¿De qué color?
-Color color… Celeste.
-¿El cielo?
-Si.
-Veo veo.
-¿Qué ves?
-Una cosa.
-¿De qué color?
-Violeta.
-Un teletubi.
-No.
- Barnie, que está allá jugando al póker.
-No precisamente.
-El pequeño pony aquél que va volando allá.
-Bien.
-Veo veo.
-¿Qué ves?
-Una cosa.
-¿De qué color?
-Eeeeh… rosadito.
-¡El elefante aquél!
-No.
-¿Las rosas?
-Tampoco.
-¡Los billetes de cinco!
-Frío, frío…
-El mirador.
-No.
-Me doy por vencido. ¿Qué estabas viendo?
-Esta.
-Maicol, haceme el favor de vestirte.
-Jeje. Jeje. Jeje.
Cuando retomamos nuestra marcha caímos en la casilla del Ferrocarril B&O y lo compramos. Ahora avanzábamos por la vía a toda velocidad. Yo manejaba la locomotora y Maicol echaba carbón en la caldera.
Al acercarnos a la casilla de “casualidad” vi al señor bajito del Monopolio que me hacía señas para que me detenga.
Paramos la locomotora y el hombrecito se subió:
-Buenas tardes señores, vengo a cobrar el impuesto a la educación. Son $150-dijo y extendió la mano como esperando recibir algo.
Yo le dije que se bajara, que no le íbamos a pagar nada.
-¡De ninguna manera!-dijo-¡Hasta que yo no cobre, este tren no arranca!
Maicol, que sólo conocía un significado para la palabra “cobrar”, lo remó hasta el fondo de la locomotora y lo metió a patadas en la caldera. La locomotora volvió a arrancar.
Pero a las horas tuvimos que volver a detener la marcha. Habíamos caído en la casilla que te manda a la cárcel.
Esta vez subieron dos policías:
-¡Quedan todos detenidos!-dijo el más gordo, que tenía pinta de ser el jefe. Miró al piso y vio el sombrero del hombrecito todo manchado de sangre:
-¡Es el sombrero de Mr.Monopoly!
-Lo reportaron como desaparecido hace una hora-dijo el otro policía.
-¡Ustedes lo mataron!-dijo el gordo.
-¡Nosotro no fuimo!-gritaba Maicol con la remera empapada de sangre.
-Además coinciden con la descripción que dio el hámster de sus asaltantes-dijo el otro.
-Ustedes si que se van a pudrir en la cárcel.
Minutos después estaba haciendo sonar el vaso de vacas vaqueras contra los barrotes de la celda.
-Ahora si que cagamos, Maicol. ¡Cadena perpetua nos fajaron!
-No agités, Pelo. Ya vamo a salir.
-¡Me gustaría saber quién nos va a sacar, porque a Balbi y Navascués no los veo por ningún lado!
-Yo te viá sacar, Pelo. Me estraña de vó.
Ahí recordé que Maicol contaba en su historial con dos fugas de la Colonia Berro.
En el recreo me quedé solo sentado en un rincón. Maicol aparecía y desaparecía de mi vista, hablando con los distintos reclusos en su mayoría see monkies.
Cuando volvíamos a la celda me dijo:
-Ya arreglé todo, Pelo. Hoy nos vamo.
Le iba a pedir que me explicara el plan pero justo se nos acercó el guardia, que era el mayordomo de chichita.
Más tarde bajamos al comedor.
Mientras almorzábamos, Maicol me pidió que me descalzara. Agarró uno de mis Bergantiños con el cual fajó al mayordomo de chichita. Acto seguido los see monkies se tiraron arriba de los otros guardias.
Maicol había desarmado al mayordomo y lo tenía abrazado a modo de escudo humano mientras le apoyaba el arma en la sien.
Luego de forcejeos, con algún disparo incluido, los see monkies lograron tomar de rehenes a los otros guardias.
Maicol encabezaba el motín seguido de un ejército de see monkies enfervorizados que lo destrozaban todo a su paso.
Fuimos hasta las torres y capturamos a los vigías. Teníamos la cárcel en nuestro poder.
Ya era de noche, y yo estaba vigilando, escopeta en mano, en una de las torres. En eso llegó Maicol con la camiseta atada cubriéndole el rostro, el gorro visera puesto arriba y un revólver metido en el calzoncillo:
-Pelo, es ahora. Vamo hacer esa fuga.
-¿Cómo? ¿Y el motín?
-Jate que motín. ¿Viste algún motín donde se rajen todo los preso vó? Recatáte Pelo, acá nos vamo nosotros dó y estos panchos que se manejen.-Se habían invertido los roles, ahora era Maicol el que me explicaba las cosas a mí con voz de sabelotodo-El motín lo hice pa poder llegar a la chacra donde esta el túnel.
Resulta que Maicol se había contactado con un topo (el topo rosa) que estaba en un pabellón de reclusos menos peligrosos en el que los hacían trabajar en chacras, y habían acordado la construcción de un túnel.
Salimos al patio y del patio salimos a la chacra. Maicol sacó del bolsillo del pantalón un mapa hecho a mano que señalaba el lugar del túnel. Seguimos el mapa y encontramos la boca del túnel atrás de una piedra. Después de entrar la tapamos de vuelta y emprendimos la fuga.
Salimos del otro lado del túnel pero no estábamos en el tablero de Monopolio. ¡Estábamos en el tablero de Destino Fútbol!
El comienzo del juego lo dio la voz de Rodrigo Romano:
-¡Se mueve se mueve, se juega se juega!
Después de responder satisfactoriamente preguntas muy pelotudas leídas con dificultad por el pelado Crossa del calibre de, cuál fue el gol más importante en la carrera de Diego Aguirre, qué jugador hondureño tenía apodo de boxeador, cuántos rivales había fracturado Fabián Canobbio, o cuántos goles hizo Magallanes en el Real Madrid, nos vimos arrastrados indefectiblemente hacia el rostro de Scelza.
Scelza abrió su boca de verdosos dientes y caímos dentro de ella.
Seguimos cayendo en la oscuridad.
Al culminar mi caída me encontré acostado en la cama de una clínica de desintoxicación.
Zinha estaba a mi lado agarrando mi mano.
En la cama de al lado estaba Maicol recibiendo el rezongo de una doctora.


INTENTEN ESTO EN CASA
Para todos los que quieran rememorar el viaje al País de las Maravillas, ahí van los ingredientes del licuado de Maicol.
ADVERTENCIA: La empresa no se responsabiliza en caso de que el pasajero se quede dormido durante el viaje y se pase de parada.

INGREDIENTES:
—4 bananas
—3 mangos
—1 ananá
—1 litro de leche
—1 frasco chico de shampoo anticaspa
—1 taza de Incatech
—4 cdas. soperas de Gebral
—½ frasco de Muky de abacaxí (vencido)
—1 mamadera de voligoma
—1 chorro de Agua Jane
—1 chorro de Aronella
—4 tabletas MAS
—1 blister de Aspirinetas
—½ frasco de Sundown kids color
—½ kilo de Mor-X
—5 Garotos rellenos de ciruela
—el relleno de 4 Ricarditos
—el juguito de 2 Bubaloo de sandía
—hielo y espuma de afeitar a gusto

2)Desembarco en Río

Unos cuantos días después desembarcamos con nuestra balsa en una playa de Río de Janeiro.
Encanutamos la balsa en la casilla del salvavidas y nos fuimos a pasear por la playa.
En eso nos cruzamos a dos cariocas que nos desafiaron a jugar un dos contra dos.
Después del octavo gol de taco que nos hicieron, Maicol hirió de arma blanca al autor del tanto y tuvimos que huir.
Salimos de la playa y nos tomamos un omnibus que pasaba. En eso el chofer nos quiso hacer problema por Galindes.
Luego de una acalorada discusión en la que ni el chofer ni Maicol se entendían nada, este último extrajo un bufo de entre sus ropas y obligó al conductor a retomar su puesto…
-Maicol, controlate.
-Vó dejame a mi, pelo.
¡Bueno ahora se me bajan todos del onibu, pero antes le dan las pertenencia a mi asistente, eh!
Cuando el ómnibus quedó vacío Maicol obligó al chofer a retomar la marcha y lo iba guiando como si conociera el lugar. Yo me puse a sacarle las garrapatas a Galindes y me quedé dormido.
Me despertaron un estruendo y un golpe en la cabeza. Habíamos chocado.
Observé con sorpresa que había caído arriba del chofer, pero este no se encontraba al volante. ¿Quién manejaba?
-¡Pelo! ¡Ayudame, pelo! ¡No siento las piernas!
- La puta madre.
Resulta que el trayecto indicado por Maicol nos había conducido a una favela y el conductor se había negado a seguir. Maicol ocupó su lugar y se metió con el ómnibus por los pasillos de la favela. Sus nulos conocimientos automovilísticos lo llevaron a güasquearse contra un muro.
La cabina del ómnibus quedó incrustada en el comedor de una casa, los dos tercios restantes del ómnibus quedaron del lado de afuera.
De este modo, por la puerta delantera se accedía al comedor, y por la puerta trasera se salía al pasillo de la favela.
Después de rescatar a Maicol de entre los fierros, mire por la ventana trasera del ómnibus. Todo el mundo miraba el ómnibus.
Le pedí al chofer que abriera la puerta y bajé.
Ahí entendí el por qué de esas miradas. Tirado arriba de la mesa del comedor sobre los escombros había un fiambre. Maicol se lo había llevado puesto en el paragolpes cincuenta metros y lo usó de defensa humana para atravesar el muro.
Se trataba de un tal Ze Pequenho, un pendejo criminal que tenia atemorizada a toda la favela.
Los faveleros nos levantaron en andas, éramos los nuevos reyes de la favela.
En la casa vivía una negra llamada Zinha que nos invito a comer.
Durante la cena nos enteramos que Zinha era una de las bailarinas de la scola do samba de la favela y que Rogerio, el chofer, había atajado, en sus tiempos mozos, en el Botafogo.
Después de cenar, Zinha sacó del ropero un par de botellas de Belho Barreiro y nos las bajamos.
Con un pedo violáceo nos pusimos a bailar al ritmo de Beija Flor. Rogerio bailaba arriba de la mesa en paños menores mientras Maicol le ponía billetes en el calzoncillo. Cuando volví en mí, me dolían hasta las uñas de los pies. Era como si me hubiese pasado una aplanadora por arriba. Estaba en la cama de Zinha.
A partir de ese día me convertí en su concubino, nos quedamos viviendo ahí e incorporamos al ómnibus como parte de la casa.
Con el correr del tiempo habíamos ido enchulando el ómnibus de manera espectacular. Le habíamos instalado un home theatre y le pusimos una antena parabólica en el techo.
Así como sonseando pasaron dos meses. Un día mientras desayunaba con whisky mirando Adán y Eva traducido al portugués en el home theatre del ómnibus, apareció Zinha y me dio una noticia que cambió mi vida, estaba embarazada.
Una tarde en la que habíamos sacado a pasear a Galindes con Zinha por la playa, mire hacia el morro y divisé un castillo en la cima. El castillo me resultaba familiar así que le pregunté a Zinha.
Ella me contó que se trataba del mismísimo castelo RA-TIM-BUM. Zinha me confesó que ella era la negrita amiga de Nino, y me contó que los otros dos pibes habían muerto. El más chico murió de cirrosis y el de lentes se había dedicado a la delincuencia y lo mataron en la cárcel durante un motín.
También me contó que Nino se hacía dar por los dos botijas y que a Zinha le usaba la ropa, esto a cambio de dejarlos entrar al castillo.
Cuando fueron madurando y vieron que Nino se seguía comportando como un infante, se dejaron de juntar con él. Desde ese entonces Nino vivía solo en el castillo.
Eso me daba una idea.
Esa misma noche subimos todo en el ómnibus y nos dirigimos a la cima del morro.
Cuando llegamos a la puerta del castillo tuvimos un problemita. El pajero de Nino se negaba a bajar el puente levadizo para hacernos entrar.
Nino era una suerte de Peter Pan brasuca, un viejo chotadicto al que se habían matado de güacho y que se rehusaba a abandonar la niñez por temor a quedarse sin masita. Esto explicaba su comportamiento infantil.
Rogerio le pedía de buena manera nos dejara entrar, pero Nino desde la torre le decía que no y que no. Yo le empecé a apedrear el rancho pero no sirvió de nada. En eso vi que Maicol se metía en el ómnibus. Al ratito empezó a salir humo por las ventanas, enseguida reconocí el olor a pasta base.
A los cinco minutos bajó del ómnibus hecho una furia. Tenía los ojos desorbitados y le salía espuma por la boca. Se arrancó la camiseta del Flamengo al estilo Hulk y enfiló hacia el foso que rodeaba el castillo. Cuando iba por la mitad del foso saco volando por el aire de una trompada a un cocodrilo que lo quiso atacar, cuando estuvo del otro lado abrió a cabezazos un boquete en la muralla y se metió al castillo.
En menos de diez minutos el puente levadizo descendía lentamente. Maicol había tomado el castillo.
Cuando entramos en el castillo vimos tirado en el piso el irreconocible cadáver de Nino. En lo que vendría a ser la cabeza, le entraban y salían los pedazos de lo que alguna vez había sido una silla. En eso apareció Maicol…
-¿Y? ¿Que me contursi? Flojito anduve, eh.
-Maicol ¿no se te fue un poco la mano?
-¿Por qué decí?
-No se, ¿era necesario dejarlo así?
-Firme, si estaba bien de vivo el globo este, le tuve que dar un par de toques.
-¿Un par de toques? ¡Lo desfiguraste! Además, con la viaba que le diste, partirle una silla en la cabeza estuvo de más.
-Tuvo de má, si.
-Quise decir que no hacía falta, Maicol.
-Pasa que depué de la zalipa que le di, lo vi medio caído y lo quise hacer tomar asiento, “toma”, le dije, y se lo di.
-Vos si que sos contemplativo con tus víctimas, Maicol. Ayudame a tirarlo al foso.
-Sabelo.

Desde el castillo teníamos el control visual de toda la favela.
Todas las noches hacíamos partuzas en el castillo. Así fue que me hice amigo del chapulín Romario, que era número puesto en cuanta fiesta hubiera.
Antes tuvimos que deshacernos de las cosas de Nino.
Un día le implementamos al bondi una chata en el techo, al estilo de la que paseó a la sub veinte de Malasia por dieciocho, y salimos con Maicol a repartir los juguetes de Nino a los niños de la favela…
-Maicol, tiralos más suave. Es el cuarto botija que fajás de un pelotazo.
-No ajités, vo. Probá de embocar alguno y vas a ver que te prendés.
-A ver…-¡paf!
-Jijiji. Buena pelo, lo diste vuelta al botija. Ahora voy yo de nuevo…-¡toc!- ¡Tomá vieja!
-Maicol, ¿cómo le vas a pegar a una abuela?
-Así…-¡psh!
-¡Nooo!
-Jiji, se la llevó todita.
-Sos un desalmado Maicol, no podés abusarte de una anciana.
-No le des color vo, si ni se movió pa’esquivarlo.
-Ahí tenés razón. Ojo, por ahí el balero que le revoleaste por la cabeza la primera vez, pudo haber contribuido en algo a su quietud.
-Vó lo que pasa que tené muchos prejuicio. No te dejes llevar por las apariencia. Mirá al de la silla de ruedas como se la dejo justiniano…
-¡Maicol, no!
¡Plosh!-¡Lleve!
-Maicol, te fuiste al carajo. ¡Agredir a un pibe en silla de ruedas!
-Ahí tuve mal.
-¿En aprovecharte de su condición de inválido?
-No, en tirarle las Total 90. No le van a servir pa’un joraca.

En las catacumbas del castillo, teníamos una mesa redonda donde me reunía con mis asesores para tratar todos los asuntos relacionados con la vida de la favela.
En esos días, ya teníamos monopolizado el contrabando de ticholos y luchábamos por conquistar nuevos mercados, al tiempo que buscábamos abrir el abanico de productos.
Nos llegó la noticia que la fábrica de palillos “Theoto” había comprado la “Gina”, conquistando, así, el monopolio de la industria palillesca.
Pero todavía teníamos una esperanza. Había una pequeña fábrica de mondadientes, llamada “Palillos Vanzini”, que el sr.Theoto se disponía a comprar con el vuelto de la compra de “Gina”.
Levanté el teléfono, llame a Vanzini y le compré la fábrica en el doble de lo que le iba a ofrecer Theoto.
Enseguida salí a reclutar mano de obra por la favela y los mandé en dos camiones para ganado, a los campos de producción en la selva amazónica.
Estaba obsesionado en convertirme en la piedra en el zapato del multimillonario magnate sr.Theoto.
La respuesta no se hizo esperar. A los pocos días empezaron a llover ofertas de Theoto para comprar la fábrica, y cuando vieron que no iba a tranzar, las ofertas se convirtieron en amenazas.
La mañana de mi cumpleaños se apersonó en el castillo Caetano Veloso y me interpretó un telegrama cantado, una canción muy alegre en la que me informaba que me habían incendiado dos hectáreas de campo con un saldo de siete peones muertos.
La guerra de los escarbadientes estaba declarada.
De inmediato llamé a mi asesor de guerra y le ordené que enviara cien faveleros, sin el más mínimo arraigo por la vida, al Amazonas.
Después de cortar el teléfono, le dije a Rogerio que aprontara la avioneta. De esto me tenía que encargar personalmente.
Ya hacía más de una hora que volábamos sobre la selva cuando Rogerio se quedó dormido y caímos en picada.
Por suerte las copas de los árboles amortiguaron la caída. Bajamos y nos pusimos a caminar en fila india guiados por el instinto animal de Galindes.
Íbamos cruzando un río, sobre un tronco caído que lo atravesaba, cuando salió del agua la anaconda y se comió a Galindes. Dimos media vuelta y salimos corriendo. La anaconda nos seguía.
Cuando nos tuvo acorralados y se disponía a comernos, Maicol sacó la lata de Brahma y el chesquero, y se metió atrás de unos arbustos.
El ritual se dio como de costumbre. Primero el humo, el olor, y luego Maicol endemoniado. A esa altura la anaconda ya sostenía a Rogerio entre sus mandíbulas.
Maicol agarró a la anaconda de la cola y la empezó a revolear por el aire, cual Soledad a su poncho.
Era el Popeye de la pasta base, el Simbad de los lumpens, el Alejandro Vascolet de las drogas duras.
Ahora sacudía a la anaconda con un movimiento pendular, haciéndole golpear la cabeza contra el piso a un lado y al otro.
En uno de esos enviones, Galindes salió despedido del interior de la anaconda.
Mientras reanimábamos a Galindes con Rogerio, podía ver, a unos cien metros, a Maicol ensayando un nudo marinero con la anaconda.
Cuando Galindes volvió en sí y llegamos a donde estaba Maicol, éste ya había ahogado a la anaconda hundiéndole la cabeza en el agua.
Seguimos caminando hasta que empezó a caer la noche. Galindes encontró un árbol hueco en el que se formaba una especie de madriguera gomi, y decidimos acampar ahí.
En la mitad de la noche salí de la madriguera para orinar. La estaba terminando de sacudir, cuando sentí un frío metálico en la sien y una voz que me dijo: “Siga caminandu calladinho la boca”.
Caminé durante horas en la oscuridad total junto a mis captores. Recién cuando empezó a aclarar pude verlos. Eran tres hombres, armados con metralletas y vestidos con uniformes marrones. En sus gorras se podían ver dos escarbadientes entrecruzados y una inscripción en letras amarillas que decía: “Theoto Team”. Estaba en manos de mis enemigos, me iban a boletear.
Me llevaron a una de las plantas de producción y me ataron a una silla en un galpón.
A medida que pasaban las horas me fui dando cuenta de que no sabían quien era yo.
El segundo día de secuestro escuche que el jefe de la planta hablaba por teléfono con el sr.Theoto. Ahí me enteré que Theoto le había bancado la campaña a Lula y ahora contaba con su complicidad para evadir toda clase de impuestos.
“Con que así son las cosas”, pensé. Si el Estado demandaba a Theoto por sus deudas con el fisco, la empresa quedaría en bancarrota.
En la tarde del tercer día me había quedado solo, cuando de repente quedé cara a cara con Rodolfo Pereira que me hacía una nota para el reloj de Punto Penal. Llevaba un african look, lentes espejados y estaba vestido de blanco a lo Travolta. Cuando me quise acordar, el galpón se había convertido en un salón de fiestas lleno de invitados.
Entre la multitud pude divisar a Aldo Lamorte, vestido de romano, que hablaba con el almacenero de mi barrio. En eso apareció Julia Möller vestida de Marilyn y se me sentó en la falda.
Estaba hablando con Julia, cuando llegó Marcos Vitete con traje de neopreno y patas de rana. Tenía una bandeja llena de carozos de aceituna y me ofreció uno.
Ante mi respuesta negativa Vitete me empezó a lamer la cara.
-¡Vitete, la concha de tu madre!
Al decir estas palabras el salón de fiestas y los invitados desaparecieron y volví al galpón. Me seguían lamiendo la cara. Abrí los ojos y pude ver, con alegría, que no se trataba de Vitete.
-¡Galindes!- Mi fiel compañero había dado con mi paradero, burló a los guardias y ahora rompía con sus dientes la soga que me maniataba.
Cuando estuve libre salimos hacia donde se encontraban los camiones cargados de palillos, prontos para salir.
Rogerio me esperaba vestido con uniforme Theoto al volante de un camion.
Me subí con Galindes y arrancamos. Iba a preguntar por Maicol, pero un golpe que se escuchó proveniente de la caja, me dijo que estaba en la parte de atrás encargándose del verdadero camionero.
Por la noche llegamos a nuestra planta productiva y llamamos una avioneta que nos llevara de vuelta al castillo.
Esta guerra iba a cambiar de escenario.
Después de una semana que me tomé para reponerme física y mentalmente del secuestro, logré cranear nuestro nuevo gran golpe. Íbamos a secuestrar a Lula.
Ese domingo fuimos al estadio del Corinthians que jugaba contra el Goiás.
Mandamos a Zinha al palco oficial, camuflada de vendedora de cerveza, con la orden de vender la cerveza a mitad de precio y no alejarse de Lula. Éste no tardó en empedarse y tuvo que ir al baño antes del entretiempo.
En la puerta del baño estaba yo, con la remera de Tevez. Lula entró al baño tambaleándose y yo me metí tras él. Le di la cabeza contra la pared mientras orinaba y calló inconsciente. Acto seguido entró Rogerio, que lo habíamos camuflado como vendedor de café “El Carioca”, y metimos a Lula en el carrito, que habíamos acondicionado para la ocasión.
Como no podía correr peligro la vida del Presidente, habíamos dejado a Maicol regando las plantas de cannabis de Zinha.
Encerramos a Lula en las mazmorras del castillo y nos dispusimos con Maicol a filmar un video extorsivo, a lo Al-Caeda, dirigido al sr.Theoto…
-Pa mi que antes que nada lo tenemo que surtir pa`que vaya llevando.
-No lo podemos lastimar Maicol, es un tipo importante, el Presidente de Brasil, el líder del Pé Té.
-Jijiji
-¿De qué te reís?
-¿Qué dijite?
-Que es el líder del Pé Té.
-Jijiji ¿a si?
-Pé Té. ¡El Partido de los Trabajadores Maicol!
-Aaaah…jiji.
-Como te dije antes. Lo tenemos que tratar bien.
-No pelo, esto se hace así…
¡Cuchame una cosa gordo peteiro! Donde no nos garpen el rescate, te vamo a ir cortando los dedo uno por uno y se los vamo a mandar a tu fami… ¡Nos ganaron de mano, Pelo! ¡Vino empezado este!

Terminamos filmando un video en el que aparecía Lula hablándole a Theoto, y Maicol, con un pasamontañas, aparecía parado atrás, profiriendo amenazas gestuales. Parecía el aviso de Tabaré.
En el video le exigíamos a Theoto que nos cediera un 50% de la empresa a cambio de la vida de Lula.
Enviamos el video y en menos de veinticuatro horas, me encontraba en el estudio del sr.Theoto firmando los papeles.
Cuando tuvimos todo resuelto llamé a Rogerio, que estaba con el ómnibus estacionado frente a casa de gobierno, y le dije que soltara a Lula.
Ahora que “Palillos Vanzini” se había agigantado, le podía dar trabajo a cientos de faveleros. Además las ganancias se traducían en obras sociales dentro de la favela. Mi popularidad aumentaba con los días.
Los meses siguientes me dediqué casi por completo a Zinha y nuestro hijo. Las ecografías tardaron mucho en dar a conocer el sexo del bebé debido a las nubes de humo que había en el interior de Zinha. Mi hijo estaba adentro de una suerte de submarino humano. Al final era varón.
Yo le quería poner Joaquinzinho y ella Zinho. Terminamos tranzando en Quinzinho.
Entre pitos y flautas llegaron las fiestas. Hicimos una cena navideña muy íntima (sólo los que vivíamos en el castillo). Pero ni siquiera la navidad estuvo exenta de inconvenientes.
Resulta que había un anciano muy querido en la favela, que acostumbraba vestirse de Papá Noel y dejar regalos en las casas durante la noche buena.
Desconocedor de esta tradición, lo encontré al lado de la chimenea, de espaldas a mi y metiéndole mano a una bolsa que llevaba. Creí que se trataba de un ladrón y procedí a ahorcarlo con una tanga hilo dental de Zinha.
Cuando todavía quedaba aire en sus pulmones, Maicol me libró de cargar con un homicidio en mi conciencia enterrándole el fierro para acomodar las brasas en el esternón.
Zinha nos explicó de quien se trataba y lo tiramos al foso, donde ya descansaban Nino y Ze Pequenho.
Después llegaron los festejos de fin de año. Las primeras horas de ese nuevo año traerían consigo el acontecimiento más importante de mi vida.
Hacía poco que habían dado las doce y estábamos todos en pedo. Rogerio y Maicol me habían atado a una silla y Zinha me había maquillado como mujer.
De repente y sin previo aviso, Zinha rompió bolsa. ¡Quinzinho venía en camino y no había tiempo de ir al hospital!
Rogerio estaba vomitando y yo me encontraba atado a la silla así que el parto lo atendió Maicol.
Zinha se acostó sobre la mesa. Saltando atado a la silla llegué hasta ahí. Maicol le realizaba una especie de masaje cardíaco, pero en el abdomen.
-¡Así no Maicol, esperá a que asome la cabeza y lo ayudas a salir!
Yo le decía a Zinha que pujara mientras trataba de agarrar pedazos de pan dulce del mantel con la boca.
En eso vi que Zinha se movía y se le salían los ojos para afuera.
Cómo explicarlo. Maicol había puesto un pie entre la pierna de Zinha y la cabeza del bebé. Cazó al pibe del cogote y empezó a tirar hacia él. Zinha pegaba gritos de todos colores. A Rogerio se le volcó la copa de champagne arriba de Zinha. El champagne actuó como lubricante y el bebé terminó saliendo.
-Cortale el cordón, Maicol.
Maicol agarró un tramontina con pedazos de lechón y lo cortó.
-Ahora pegale para que llore.
¡Pshh!
-¡Una palmadita en la espalda, no una piña en la cara, idiota!
Quinzinho lloró. Me desataron. Lo bautizamos con champagne y seguimos festejando.
En los días siguientes no me aparté ni un minuto de Quinzinho.
Cuando cumplió un mes le regalé la pelota y con Maicol intentamos, infructuosamente, enseñarle a jugar al fútbol.
Llegó el carnaval. Disfrazamos el ómnibus de carro alegórico y organizamos la scola de la favela.
Quise que el carro reflejara nuestra experiencia en Brasil.
Era una réplica del castillo. Por la puerta salía una anaconda enorme que se retorcía de dolor atravesada por un Theoto gigante. En lo alto de la torre, Zinha bailaba en bolas.
Romario me invitó a verlo en el palco de Brahma y fui con Quinzinho.
Ahí me encontré con Julio Alonso que me contó que había estado haciendo los viajes del doce en México. Eso me recordó el objetivo primario de mi partida de Montevideo. Teníamos que seguir.
Tenía que conseguir un medio de transporte, pero yo era como Pacheco:”Supe como hacerlo y podía volver a hacerlo”
La tarde siguiente al término del carnaval, llenamos el ómnibus de faveleros y fuimos al programa de Xuxa. Le íbamos a robar la nave.
El modus operandi fue el mismo que con Cacho. Maicol se metió a participar en uno de los juegos mientras Rogerio y yo nos escabullíamos hacia la nave. Esta vez Maicol no se salió del libreto y había completado el juego con normalidad, resultando incluso el vencedor (creo que había que apuñalar a una muñeca inflable con la cara de Pelé).
El problema fue que, cuando le dio los premios, la reina de los bajitos le pidió que le diera un beso. Entonces Maicol le comió la boca, se le tiró arriba y la despojó de sus ropas. Uno de los muñecos la salió a defender y Maicol lo enterró de cabeza. El resto de los muñecos se le fueron arriba a Maicol. Fue ahí que saltaron los faveleros, que estaban estratégicamente ubicados en la tribuna, y se armó la debacle.
Dentro de la nave, Rogerio y yo tratábamos de hacerla arrancar. Afuera había una verdadera batalla campal. El peludo disfrazado de cucaracha metía para adelante como un toro. Le había partido la guitarrita en la cabeza a un favelero y ahora se remaba con seis.
Escuchamos detrás de nosotros una vos gangosa que nos decía: “¡Manos arriba!”
Era el Topo Gigio, con la camiseta de Huracán Buceo, que nos estaba encañonando con una escopeta.
-Querían robarse la nave de mi ama. ¡Ahora van a ver lo que es bueno!
Justo en el último suspiro apareció Romario, montado en el caballito saltarín de goma que yo le había robado a cacho, y embistió al topo.
Cuando el topo intentaba agarrar desde el piso la escopeta, salió del fondo de la nave Pinocho Mareco.
“¡Este topo siempre metiéndose en mi vida!”, dijo y le partió un paquete de “Salud y Flora” en la cabeza.
El topo calló desplomado y se le calló una llave del bolsillo. ¡Era la llave de la nave!
Rogerio hizo arrancar la nave y me acorde que nos faltaba un tripulante. Me asomé a la puerta y, entre el humo que salía de la nave, pude ver a Maicol forcejeando con una paquita para robarle el sombrero.
La nave ya se despegaba del piso.
-¡Maicol apurate!
Maicol apenas llegó a agarrarse de mi mano. Pero no era el único que se sumaba a la tripulación. ¡El cucaracha se había colgado de los pies de Maicol y no se resignaba a dejarnos escapar!
Abrimos un agujero en el techo y volamos hacia el castillo.
El cucaracha nos acompañó gran parte del trayecto hasta que lo estampamos contra el Redentor.
A la madrugada siguiente nos encontrábamos todos reunidos en las afueras del castillo. Había llegado la hora de partir.
Le di un beso a Zinha y otro a Quinzinho. Abracé a Rogerio y le pedí que los cuidara (unas horas antes lo había convidado con un té de yuyos de la isla de Java, que tiene la propiedad de dejar impotente de por vida a quien lo tome).
Maicol me llamaba desde la nave. Se hacía tarde.
Los saludé por la ventana e inicié el despegue.
Los seguí con la mirada hasta que se transformaron en puntos diminutos. Pronto nos perdimos en los cielos para continuar nuestra aventura.

Hasta cualquier momento…